domingo, 2 de julio de 2017

El poder destructivo: “Jehová es persona varonil de guerra”


LOS israelitas se encuentran encerrados entre inaccesibles precipicios montañosos y un profundo mar, acosados por una despiadada máquina de exterminio, el ejército egipcio, que se dispone a aniquilarlos. Pero Moisés exhorta al pueblo a no desesperarse y les asegura: “Jehová mismo peleará por ustedes” (Éxodo 14:14).
2 Con todo, parece que Moisés invoca a Dios, quien le responde: “¿Por qué sigues clamando a mí? [...] [A]lza tu vara y extiende tu mano sobre el mar y pártelo” (Éxodo 14:15, 16). Imaginémonos lo que sucede a continuación. De inmediato, Jehová da órdenes a su ángel, y la columna de nube se traslada a la retaguardia israelita, donde tal vez forma una especie de pared que frena el avance de las líneas egipcias (Éxodo 14:19, 20; Salmo 105:39). Luego, Moisés alarga la mano; el mar, impulsado por un vendaval, procede a dividirse. De algún modo, las aguas se cuajan y permanecen como dos muros, entre los cuales se abre una senda tan ancha que permite el paso de la nación entera (Éxodo 14:21; 15:8).
3 Ante tal demostración de fuerza, el Faraón haría bien en disponer la retirada; pero, dominado por la soberbia, da la voz de atacar (Éxodo 14:23). Los egipcios emprenden la persecución por el lecho marino, donde la carga de las tropas no tarda en disolverse caóticamente, pues comienzan a salirse las ruedas de los carros. Ya con los israelitas a salvo en la otra orilla, Jehová manda a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan sobre los egipcios, sus carros de guerra y sus soldados de caballería”. Los muros acuosos se derrumban, sepultando al monarca y sus huestes (Éxodo 14:24-28; Salmo 136:15).
4 La liberación de Israel en el mar Rojo constituye un hecho trascendental en la historia de las relaciones de Dios con la humanidad. En aquel lugar demostró ser una “persona varonil de guerra” (Éxodo 15:3). Ahora bien, ¿cómo reaccionamos ante esta representación de Jehová? Hay que admitir que los conflictos bélicos acarrean muchos dolores y sufrimientos al ser humano; por ello, algunas personas pudieran pensar que el uso que Dios hace del poder destructivo las incita más a alejarse que a acercarse a él.
Diferencias entre las guerras divinas y las humanas
5 El título divino “Jehová de los ejércitos” se utiliza casi trescientas veces en las Escrituras Hebreas y dos en las Escrituras Griegas Cristianas (1 Samuel 1:11). Como Soberano, Jehová comanda un extenso ejército de ángeles, cuyo potencial destructivo es impresionante (Josué 5:13-15; 1 Reyes 22:19; Isaías 37:36). Aunque la muerte de seres humanos nunca sea una escena grata, debemos recordar que las guerras divinas no son comparables a los mezquinos conflictos humanos. Las agresiones del hombre siempre están marcadas por la codicia y el egoísmo, por mucho que las justifiquen políticos y militares alegando motivos nobles.
6 Jehová, en cambio, no actúa cegado por las emociones. De él dice Deuteronomio 32:4: “La Roca, perfecta es su actividad, porque todos sus caminos son justicia. Dios de fidelidad, con quien no hay injusticia; justo y recto es él”. Además, condena en su Palabra la furia incontrolada, la crueldad y la violencia (Génesis 49:7; Salmo 11:5). Nunca actúa sin causa, y ejerce su poder destructivo en contadas ocasiones, siempre como último recurso. Por boca del profeta Ezequiel reveló su sentir: “¿Acaso me deleito de manera alguna en la muerte de alguien inicuo —es la expresión del Señor Soberano Jehová—, y no en que se vuelva de sus caminos y realmente siga viviendo?” (Ezequiel 18:23).
7 Entonces, ¿por qué recurre Jehová al poder destructivo? Antes de contestar esta pregunta, haríamos bien en reflexionar sobre el caso de Job. Satanás lanzó el desafío de que este justo —y en realidad cualquier ser humano— sería incapaz de mantenerse íntegro si se le sometía a prueba. Jehová respondió al reto del Diablo permitiéndole probar la integridad de Job, quien como consecuencia perdió la salud, las riquezas e incluso a sus hijos (Job 1:1–2:8). Dado que este desconocía las cuestiones implicadas, dedujo erróneamente que sufría un castigo injusto de parte de Dios, a quien preguntó por qué lo había convertido en “blanco” de ataque y “enemigo” suyo (Job 7:20; 13:24).
8 Un joven llamado Elihú expuso así el error del razonamiento de Job: “Has dicho: ‘Mi justicia es más que la de Dios’” (Job 35:2). Obviamente, sería insensato creernos más sabios que Jehová o pensar que su actuación es contraria a la rectitud. “¡Lejos sea del Dios verdadero el obrar inicuamente, y del Todopoderoso el obrar injustamente!”, dijo Elihú, quien más tarde añadió: “En cuanto al Todopoderoso, no lo hemos sondeado; es sublime en poder, y el derecho y la abundancia de justicia él no menosprecia” (Job 34:10; 36:22, 23; 37:23). Podemos estar seguros de que cuando entabla combate, lo hace con motivos válidos. Teniendo presente este hecho, examinemos algunas razones por las que el Dios de la paz asume a veces el papel de guerrero (1 Corintios 14:33).
Por qué tiene que pelear el Dios de la paz
9 Después de alabar al Altísimo como “persona varonil de guerra”, Moisés exclamó: “¿Quién entre los dioses es como tú, oh Jehová? ¿Quién es como tú, que resultas poderoso en santidad?” (Éxodo 15:11). De igual manera, el profeta Habacuc escribió: “Tú eres de ojos demasiado puros para ver lo que es malo; y mirar a penoso afán no puedes” (Habacuc 1:13). Así pues, aunque Jehová es amor, también es Dios de santidad y justicia, cualidades que en ocasiones lo obligan a hacer uso de su poder destructivo (Isaías 59:15-19; Lucas 18:7). Por lo tanto, no mancilla su santidad cuando pelea. Más bien, combate porque es santo (Éxodo 39:30).
10 Examinemos la situación que se planteó al rebelarse contra Dios nuestros primeros padres, Adán y Eva (Génesis 3:1-6). Si Jehová hubiera tolerado la injusticia que acababan de cometer, habría minado su propia posición como Soberano Universal. Al ser un Dios justo, tenía el deber de condenarlos a muerte (Romanos 6:23). En la primera profecía de las Escrituras predijo que habría enemistad entre sus siervos y los partidarios de “la serpiente”, el Diablo (Revelación [Apocalipsis] 12:9; Génesis 3:15). En último término, solo podría ponerse fin a tal hostilidad aplastando a Satanás (Romanos 16:20). Pero este castigo supondría grandes bendiciones para la humanidad justa, dado que libraría a la Tierra de la influencia demoníaca y abriría el camino a un paraíso mundial (Mateo 19:28). Entretanto, los secuaces de Satanás representarían una amenaza constante para la integridad física y espiritual de los siervos de Jehová, quien a veces tendría que intervenir.
Dios actúa para eliminar la maldad
11 Una de tales intervenciones fue el Diluvio de Noé. Génesis 6:11, 12 dice: “La tierra llegó a estar arruinada a la vista del Dios verdadero, y la tierra se llenó de violencia. De modo que Dios vio la tierra y, ¡mire!, estaba arruinada, porque toda carne había arruinado su camino sobre la tierra”. ¿Permitiría Jehová que los malvados aniquilaran hasta el último vestigio de moralidad que quedaba en el mundo? No, y por ello se vio forzado a enviar el diluvio universal, que borraría del planeta a las personas violentas e inmorales.
12 Otro caso semejante es el juicio divino contra los cananeos. Jehová reveló que por la línea de Abrahán vendría una descendencia mediante la cual se bendecirían todas las familias de la Tierra. En conformidad con tal propósito, decretó que la progenie de Abrahán recibiera la tierra de Canaán, en la que ya vivían los amorreos. ¿Qué razón podía tener para sacarlos de su propio país a la fuerza? Dios profetizó que no los desalojaría sino hasta cuatrocientos años después, cuando hubiese “quedado completo el error de los amorreos” (Génesis 12:1-3; 13:14, 15; 15:13, 16; 22:18). Durante ese plazo, ellos se sumieron cada vez más en la corrupción moral. Canaán se convirtió en un país plagado por la idolatría, la violencia sanguinaria y la degradación sexual (Éxodo 23:24; 34:12, 13; Números 33:52). Sus habitantes llegaron a sacrificar a sus hijos en el fuego. ¿Podía un Dios santo exponer a su pueblo a tales perversidades? De ningún modo. Por ello declaró: “La tierra está inmunda, y traeré sobre ella castigo por su error, y la tierra vomitará a sus habitantes” (Levítico 18:21-25). Pero no hizo un exterminio indiscriminado, sino que perdonó la vida a algunos cananeos que manifestaron buena disposición, entre ellos Rahab y los gabaonitas (Josué 6:25; 9:3-27).
Combate a favor de su nombre
13 Jehová es santo y, en consecuencia, también lo es su nombre (Levítico 22:32). De hecho, Jesús enseñó a sus discípulos a pedir en oración: “Santificado sea tu nombre” (Mateo 6:9). La rebelión edénica profanó el nombre de Dios, pues puso en tela de juicio su reputación y forma de gobernar. Dado que él no podía pasar por alto tales calumnias ni tal rebelión, se vio en la necesidad de limpiar su nombre de todo descrédito (Isaías 48:11).
14 Volvamos de nuevo a los israelitas. Mientras vivían en esclavitud en Egipto, parecía vana la promesa divina que recibió Abrahán, a saber, que mediante su descendencia se bendecirían todas las familias de la Tierra. Pero cuando Jehová los liberó y constituyó en nación, limpió Su nombre de todo descrédito. En una súplica, el profeta Daniel recordó: “Oh Jehová nuestro Dios, tú [...] sacaste a tu pueblo de la tierra de Egipto por mano fuerte y procediste a hacer un nombre para ti” (Daniel 9:15).
15 Cabe señalar que Daniel elevó esta oración en un momento en el cual los judíos necesitaban que Jehová volviese a actuar por causa de Su nombre. Habían sido desobedientes y se encontraban cautivos, esta vez en Babilonia; entretanto, su capital, Jerusalén, yacía desolada. Daniel sabía que si regresaban a su patria, se engrandecería el nombre divino, de modo que rogó: “Oh Jehová, sí perdona. Oh Jehová, sí presta atención y actúa. No tardes, por causa de ti mismo, oh Dios mío, porque tu propio nombre ha sido llamado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo” (Daniel 9:18, 19).
Combate a favor de su pueblo
16 ¿Indica el empeño con que Jehová defiende su nombre que sea un Dios frío y egocéntrico? No, pues al actuar en armonía con su santidad y amor a la justicia, protege a su pueblo. Veamos el capítulo 14 de Génesis. Cuenta que cuatro reyes invasores raptaron a Lot, sobrino de Abrahán, y su familia; pero, con la ayuda divina, Abrahán logró una victoria aplastante sobre fuerzas muy superiores a las suyas. Es probable que el relato de este triunfo fuese el primero que se consignó en “el libro de las Guerras de Jehová”, que al parecer también recogía batallas que no menciona la Biblia (Números 21:14). Pero habría muchas más victorias.
17 Poco antes de que los israelitas entraran en la tierra de Canaán, Moisés les dio esta garantía: “Jehová su Dios es el que va delante de ustedes. Él peleará por ustedes conforme a todo lo que hizo con ustedes en Egipto” (Deuteronomio 1:30; 20:1). Comenzando con el sucesor de Moisés, Josué, y siguiendo con la época de los jueces y el gobierno de los reyes fieles de Judá, el Altísimo luchó por su pueblo y le otorgó grandes triunfos sobre sus enemigos (Josué 10:1-14; Jueces 4:12-17; 2 Samuel 5:17-21).
18 Dios no ha cambiado, ni tampoco su propósito de convertir este planeta en un pacífico paraíso (Génesis 1:27, 28). Aún odia la maldad, pero al mismo tiempo quiere mucho a su pueblo y pronto actuará a favor suyo (Salmo 11:7). En efecto, esperamos que en el futuro cercano culmine violentamente la enemistad de que habla Génesis 3:15. Con objeto de santificar su nombre y proteger a sus siervos, Jehová será una vez más una “persona varonil de guerra” (Zacarías 14:3; Revelación 16:14, 16).
19 Para ilustrarlo, imaginémonos que un padre ve a una fiera salvaje atacar a los suyos, de modo que interviene y la mata. ¿Creemos que se indignarían la esposa y los hijos por tal acción? Todo lo contrario. Cabe esperar que los conmoviera su amor y abnegación. De igual modo, no debería indignarnos el uso que Jehová da a su poder destructivo. Más bien, al comprender lo dispuesto que está a pelear para protegernos, deberíamos cobrarle más cariño y sentir mayor respeto por su infinito poder. De esta manera, podemos “rendir a Dios servicio sagrado [...] con temor piadoso y reverencia” (Hebreos 12:28).
Acerquémonos a la “persona varonil de guerra”
20 Claro, la Biblia no siempre explica con detalle las decisiones de Jehová tocante a sus guerras. Pero hay algo de lo que podemos estar seguros: nunca ejerce su poder destructivo de forma injusta, arbitraria ni cruel. En muchas ocasiones veremos el asunto con objetividad si examinamos el contexto del relato o algunos datos históricos (Proverbios 18:13). Aunque nos falten detalles, disiparemos las dudas si llegamos a conocer mejor a Jehová y meditamos sobre sus preciosas cualidades. De este modo descubriremos que existen fundados motivos para confiar en nuestro Dios (Job 34:12).
21 Aunque Jehová es una “persona varonil de guerra” cuando lo exigen las circunstancias, no es de ánimo belicoso. Ezequiel tuvo una visión del carruaje celestial en la que Jehová aparece listo para combatir contra sus enemigos, pero rodeado de un arco iris, que simboliza la paz (Génesis 9:13; Ezequiel 1:28; Revelación 4:3). Obviamente tiene un carácter calmado y apacible. Como escribió el apóstol Juan, “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Todas sus cualidades se encuentran en perfecto equilibrio. Por lo tanto, es un gran privilegio acercarse a un Dios tan poderoso y, a la vez, tan amoroso.
[Notas]
Según el historiador judío Flavio Josefo, “los perseguidores tenían seiscientos carros y eran cincuenta mil hombres a caballo y doscientos mil a pie, todos armados” (Antigüedades Judías, II, XV, 3 [324]).
Todo indica que el término “amorreos” abarca en este pasaje a todos los pueblos de Canaán (Deuteronomio 1:6-8, 19-21, 27; Josué 24:15, 18).
Preguntas para meditar
2 Reyes 6:8-17 ¿Cómo nos anima en tiempos difíciles saber que Dios desempeña el papel de “Jehová de los ejércitos”?
Ezequiel 33:10-20 Antes de recurrir a su poder destructivo, ¿qué misericordiosa oportunidad brinda Jehová a quienes desobedecen su ley?
2 Tesalonicenses 1:6-10 ¿Qué alivio significará para los siervos fieles de Dios la destrucción de los malvados?
2 Pedro 2:4-13 ¿Qué mueve a Jehová a ejercer su poder destructivo, y qué lecciones encierra este hecho para la humanidad?
[Preguntas del estudio]
 1-3. a) ¿Qué peligro corrían los israelitas a manos de los egipcios? b) ¿De qué forma luchó Jehová a favor de su pueblo?
 4. a) ¿Qué demostró ser Jehová en el mar Rojo? b) ¿Cómo pudieran reaccionar algunas personas ante esta representación de Jehová?
 5, 6. a) ¿Por qué es adecuado llamar a Dios “Jehová de los ejércitos”? b) ¿Qué diferencia hay entre las guerras divinas y las humanas?
 7, 8. a) ¿Qué deducción errónea hizo Job sobre el origen de sus sufrimientos? b) ¿Cómo corrigió Elihú el razonamiento de Job sobre este particular? c) ¿Qué lección aprendemos de la experiencia de Job?
 9. ¿Por qué razón lucha el Dios de la paz?
10. a) ¿Cuándo y cómo se presentó por primera vez la necesidad de que Dios combatiera? b) ¿De qué única forma se pondría fin a la enemistad predicha en Génesis 3:15, y qué beneficios recibiría la humanidad justa?
11. ¿Por qué se vio forzado Dios a enviar el Diluvio universal?
12. a) ¿Qué predijo Jehová acerca de la descendencia de Abrahán? b) ¿Por qué debían ser exterminados los amorreos?
13, 14. a) ¿Por qué se vio obligado Jehová a santificar su nombre? b) ¿Cómo limpió Jehová su nombre de todo descrédito?
15. ¿Por qué rescató Jehová a los judíos cautivos en Babilonia?
16. ¿Por qué no indica el empeño con que Jehová defiende su nombre que sea un Dios frío y egocéntrico?
17. ¿Qué muestra que Jehová peleó a favor de los israelitas después de su entrada en la tierra de Canaán? Dé ejemplos.
18. a) ¿Por qué debemos agradecer que Jehová no haya cambiado? b) ¿Qué sucederá cuando culmine la enemistad descrita en Génesis 3:15?
19. a) Ilustre cómo nos mueve a acercarnos a Dios meditar en el uso que da a su poder destructivo. b) ¿Cómo deberíamos reaccionar al saber lo dispuesto que está Dios a pelear a favor de nosotros?
20. Cuando no comprendemos a plenitud el relato de alguna guerra divina, ¿cuál debería ser nuestra reacción, y por qué?
21. Aunque Jehová es a veces una “persona varonil de guerra”, ¿cuál es su disposición de ánimo?
[Ilustración de la página 58]
En el mar Rojo, Jehová demostró ser una “persona varonil de guerra”

El poder creador: “el Hacedor del cielo y de la tierra”


¿SE HA acercado alguna vez a una lumbre en una noche fría? Quizás extendió las manos a la distancia precisa para disfrutar del calor de las llamas. Si se aproximó demasiado, la temperatura le resultó insoportable, pero si se quedó muy lejos, el frío aire nocturno lo dejó helado.
2 Existe un “fuego” que nos calienta de día: el Sol, situado a 150 millones de kilómetros de nosotros. ¡Qué potente tiene que ser para que nos llegue su calor desde tan lejos! No obstante, la Tierra gira en torno a este colosal horno termonuclear a la distancia adecuada. Si se aproximara más, se evaporarían las aguas, y si se alejara, se congelarían. Tanto un extremo como el otro borrarían la vida del planeta. En efecto, la luz solar resulta esencial para los seres vivos y es limpia, eficiente y muy agradable (Eclesiastés 11:7).
3 Sin embargo, aunque su vida depende de él, la mayoría de las personas dan por sentado el Sol y por ello pierden de vista las lecciones que nos enseña. La Biblia dice lo siguiente de Jehová: “Preparaste la lumbrera, [...] el sol” (Salmo 74:16). En efecto, este astro honra a Jehová, “el Hacedor del cielo y de la tierra” (Salmo 19:1; 146:6). Pero no es más que uno de los incontables cuerpos celestes que nos revelan el inmenso poder creador de Dios. Examinemos algunos con más detalle y luego dirijamos nuestra atención a la Tierra y la vida que alberga.
“Levanten los ojos a lo alto y vean”
4 Como es sabido, el Sol es una estrella. Parece mayor que las que vemos de noche porque, comparado con ellas, está cerca de nosotros. ¿Cuánta potencia tiene? En su núcleo registra temperaturas de unos 15.000.000 °C. Si sacáramos de allí un fragmento del tamaño de la cabeza de un alfiler y lo trajéramos a la Tierra, tendríamos que alejarnos de él 140 kilómetros para no recibir daños. En efecto, el Sol emite cada segundo una energía equivalente a la explosión de centenares de millones de bombas atómicas.
5 Este cuerpo estelar es enorme: un millón trescientas mil veces mayor que la Tierra. ¿Es una estrella excepcionalmente grande? No; de hecho, los astrónomos la denominan enana amarilla. Cuando el apóstol Pablo escribió que “estrella difiere de estrella en gloria”, no tenía forma de saber lo acertadas que eran aquellas palabras divinamente inspiradas (1 Corintios 15:41). Por citar un caso: existe una tan colosal que si la colocáramos donde se encuentra el Sol, la Tierra quedaría en su interior. Si hiciéramos lo mismo con otro de tales gigantes, abarcaría Saturno, planeta que está tan lejos del nuestro, que una nave espacial tardó cuatro años en llegar allí a pesar de desplazarse cuarenta veces más rápido que una bala disparada desde una pistola potente.
6 Pero más impresionante que el tamaño de las estrellas es su cantidad. La Biblia indica que son casi innumerables, tan difíciles de contar como “la arena del mar” (Jeremías 33:22). Esta afirmación implica que existen muchas más de las que vemos a simple vista. A fin de cuentas, si un escritor bíblico, como Jeremías, hubiese tratado de contarlas de noche, no habría pasado de unos tres millares, pues esas son las que alcanza a ver el ojo humano en el cielo despejado. Dicha cifra sería comparable al número de granos de un puñado de arena. Pero lo cierto es que hay una cantidad abrumadora, como la arena del mar. ¿Quién sería capaz de calcularla?
7 Isaías 40:26 da la respuesta: “Levanten los ojos a lo alto y vean. ¿Quién ha creado estas cosas? Es Aquel que saca el ejército de ellas aun por número, todas las cuales él llama aun por nombre”. Y Salmo 147:4 dice: “Está contando el número de las estrellas”. ¿Cuántas son? No es fácil contestar esta pregunta. Según ciertos astrónomos, solo en nuestra galaxia, la Vía Láctea, hay más de cien mil millones. Pero existen muchas más galaxias, que con frecuencia contienen cantidades aún mayores. ¿Cuántas galaxias hay? Los cálculos de los astrónomos oscilan entre cincuenta mil millones y ciento veinticinco mil millones. Así pues, el hombre ni siquiera puede determinar su cifra exacta, y mucho menos cuántos miles de millones de estrellas albergan. Jehová, en cambio, sí lo sabe y, lo que es más, da nombre a cada una de ellas.
8 Nuestro temor reverencial crece aún más al reflexionar sobre las dimensiones de las galaxias. Por ejemplo, se calcula que la Vía Láctea mide en sentido transversal 100.000 años luz, lo que quiere decir que un haz de luz (que viaja vertiginosamente, a 300.000 kilómetros por segundo) tardaría cien mil años en atravesarla de punta a punta. Y hay galaxias muchísimo mayores. Las Escrituras señalan que Jehová ‘extiende’ los vastos cielos como si fueran simple tela (Salmo 104:2). Él también regula los movimientos de tales creaciones: desde la más ínfima partícula de polvo interestelar a la más grandiosa galaxia, todo se mueve conforme a leyes físicas formuladas y aplicadas por Dios (Job 38:31-33). De ahí que los científicos hayan comparado sus precisos movimientos a la compleja coreografía de un ballet. Pensemos ahora en su Hacedor. ¿No sentimos una gran admiración por el Dios que posee tan inmenso poder creador?
“El Hacedor de la tierra por su poder”
9 El poder creador de Jehová resulta manifiesto en nuestro hogar, la Tierra, que fue colocada con sumo cuidado en el vasto universo. Algunos científicos creen que muchas galaxias serían inhóspitas para un planeta con vida como el nuestro. Es patente que buena parte de la Vía Láctea no está preparada para albergar seres vivos. El centro registra altos niveles de radiación y se halla abarrotado de estrellas, que muchas veces casi chocan al entrecruzarse. Por otro lado, los bordes carecen de muchos elementos esenciales para la vida. El sistema solar ocupa una ubicación ideal, a salvo de estas circunstancias extremas.
10 La Tierra cuenta con un protector lejano, pero descomunal: Júpiter. Este planeta es más de mil veces mayor que el nuestro y ejerce una potentísima fuerza gravitatoria. ¿Con qué resultado? Absorbe o desvía los objetos que surcan el espacio a alta velocidad. Los científicos creen que, de no ser por él, recibiríamos una lluvia de gigantescos proyectiles cuya intensidad sería diez mil veces mayor que la actual. Más cerca de nuestro hogar contamos con un satélite fuera de lo común: la Luna. Además de ser un hermoso “punto de luz”, mantiene constante la inclinación de nuestro planeta, la cual explica la existencia de estaciones estables y predecibles, así como muy propicias para la vida.
11 Todos los detalles del diseño de la Tierra dan testimonio del poder creador de Jehová. Así, cuenta con un escudo protector: la atmósfera. El Sol emite tanto rayos beneficiosos como de carácter letal. Pues bien, cuando estos últimos inciden en las regiones superiores de la atmósfera, el oxígeno se convierte en ozono y se forma una capa que absorbe la mayoría de esta radiación. En efecto, el planeta está resguardado por una cubierta.
12 Este no es más que un aspecto de la atmósfera, compleja mezcla de gases que resulta idónea para las criaturas que viven en la corteza terrestre o cerca de ella. Otra maravilla atmosférica es el ciclo del agua. Cada año, el sol evapora de nuestros mares y océanos más de 400.000 kilómetros cúbicos de agua, que se eleva formando nubes, las cuales circulan por todo el planeta gracias a los vientos. El agua, que ya se encuentra filtrada y depurada, cae como lluvia, nieve y hielo, y de este modo reabastece los depósitos del preciado líquido. Es tal como dice Eclesiastés 1:7: “Todos los torrentes invernales salen al mar; no obstante, el mar mismo no está lleno. Al lugar para donde salen los torrentes invernales, allí regresan para poder salir”. Solo Jehová pudo haber puesto en marcha semejante ciclo.
13 Dondequiera que hay vida vemos muestras innegables del poder creador de Jehová: desde las enormes secuoyas de más de treinta pisos de alto hasta las plantas microscópicas que llenan el mar y nos brindan gran parte del oxígeno que respiramos. Incluso el terreno rebosa de vida: lombrices, hongos y microbios, cuya compleja cooperación facilita el crecimiento de las plantas. Con todo acierto dice la Biblia que el suelo tiene poder (Génesis 4:12).
14 Sin duda, Jehová es “El Hacedor de la tierra por su poder” (Jeremías 10:12). Este atributo resulta evidente aun en sus creaciones más diminutas. Para hacernos una idea: si pusiéramos lado a lado un millón de átomos, no alcanzarían el grosor de un cabello. Y aunque ampliáramos un átomo al tamaño de un edificio de catorce pisos, el núcleo sería tan pequeño como un grano de sal situado en el séptimo piso. Sin embargo, en este ínfimo núcleo radica la imponente energía que desatan las explosiones atómicas.
“Toda cosa que respira”
15 La abundancia de vida animal constituye otra prueba elocuente del poder creador de Jehová. El Salmo 148 enumera muchas cosas que lo alaban, entre las que el versículo 10 incluye “animales salvajes y animales domésticos todos”. A fin de mostrar la razón por la que el ser humano debe temerle, en cierta ocasión Dios le habló a Job de criaturas tales como el león, la cebra, el toro salvaje, Behemot (el hipopótamo) y Leviatán (al parecer, el cocodrilo). ¿Cuál era la lección? Si el hombre siente temor ante estas criaturas fuertes, temibles e indomables, ¿cómo debería sentirse ante el Hacedor de tales obras? (Job, capítulos 38-41.)
16 Salmo 148:10 también habla de “pájaros alados”. Pensemos tan solo en cuántas variedades existen. Jehová le mencionó a Job el avestruz, que “se ríe del caballo y de su jinete”. En efecto, aunque no vuela, esta ave de dos metros y medio de altura corre a una velocidad de hasta 65 kilómetros por hora y llega a abarcar cuatro metros y medio en una sola zancada (Job 39:13, 18). El albatros, por su parte, pasa la mayor parte del tiempo sobrevolando el océano, gracias a sus alas de tres metros de envergadura. Este extraordinario planeador se desplaza durante horas por el aire sin dar un solo aleteo. Muy diferente es el colibrí abeja, el pájaro más pequeño del planeta, que con tan solo cinco centímetros de longitud llega a batir las alas ochenta veces por segundo. Además, los colibríes en general no solo relucen como pequeñas gemas aladas, sino que son capaces de quedarse suspendidos en el aire, como un helicóptero, e incluso volar hacia atrás.
17 Salmo 148:7 dice que hasta los “monstruos marinos” alaban a Jehová. Pensemos en el que mucha gente considera el animal más grande que haya vivido en el planeta: la ballena azul. Este “monstruo” de las profundidades llega a superar los 30 metros de longitud y alcanza a pesar tanto como treinta elefantes adultos juntos. De hecho, la lengua tiene el peso de uno de estos paquidermos. El corazón, del tamaño de un automóvil pequeño, mantiene un ritmo de solo nueve latidos por minuto, frente a los 1.200 del corazón del colibrí. Uno de los vasos sanguíneos de este cetáceo es tan grande que un niño podría gatear por su interior. En nuestro caso, el corazón seguramente nos impulsa a hacernos eco de la exhortación que cierra el libro de los Salmos: “Toda cosa que respira... alabe a Jah” (Salmo 150:6).
Lecciones que aprendemos del poder creador de Jehová
18 ¿Qué nos enseña el uso que da Jehová a su poder creador? La diversidad que manifiesta la naturaleza nos llena de asombro. Un salmista exclamó: “¡Cuántas son tus obras, oh Jehová! [...] La tierra está llena de tus producciones” (Salmo 104:24). ¡Qué gran verdad! La biología ha catalogado más de un millón de especies que pueblan el mundo, aunque hay opiniones de que pudieran ser diez millones, treinta millones o incluso más. A diferencia del hombre, cuya capacidad artística e imaginativa sufre bloqueos temporales, Jehová posee una creatividad —la facultad de inventar y crear cosas nuevas muy diversas— claramente inagotable.
19 Al examinar qué uso le da Jehová a su poder creador, aprendemos una lección sobre su soberanía. La designación “Creador” lo distingue de cuanto existe en el universo, todo lo cual es “creación” suya. Ni siquiera el Hijo unigénito de Jehová, quien actuó como “obrero maestro” durante la creación, recibe nunca en las Escrituras el título de Creador o Cocreador (Proverbios 8:30; Mateo 19:4). Más bien, es “el primogénito de toda la creación” (Colosenses 1:15). La posición que ocupa Jehová como Creador le otorga el derecho intrínseco a ejercer en exclusiva su poder soberano en todo el universo (Romanos 1:20; Revelación [Apocalipsis] 4:11).
20 ¿Ha dejado Jehová de ejercer su poder creador? Pues bien, la Biblia señala que cuando terminó sus labores del sexto día de la creación, “procedió a descansar en el día séptimo de toda su obra que había hecho” (Génesis 2:2). El apóstol Pablo indicó que el séptimo “día” se extiende a lo largo de milenios, pues aún se hallaba en curso en sus tiempos (Hebreos 4:3-6). Pero ¿implica el verbo “descansar” que Jehová dejara por completo de realizar labor alguna? No, pues él no deja nunca de trabajar (Salmo 92:4; Juan 5:17). Por tanto, el citado descanso debe referirse al cese de las labores de creación material que tenían lugar en la Tierra. Sin embargo, ha continuado sin interrupción la obra divina de cumplir Sus propósitos, lo que incluye inspirar las Santas Escrituras e incluso producir “una nueva creación”, como veremos en el capítulo 19 (2 Corintios 5:17).
21 Cuando termine su día de descanso, Jehová tendrá razón para señalar que todo lo que ha realizado en la Tierra es “muy bueno”, tal como hizo al final de los seis días creativos (Génesis 1:31). Queda por ver el uso que decida dar después a su infinito poder creador, que en cualquier caso estamos seguros de que nos seguirá fascinando. La creación continuará enseñándonos lecciones sobre Jehová por toda la eternidad (Eclesiastés 3:11). Y cuanto más aprendamos acerca de nuestro Gran Creador, tanto mayor será el temor reverencial que le tendremos y tanto más cerca nos sentiremos de él.
[Notas]
Para asimilar mejor tan astronómica distancia, pensemos en que, a una velocidad de 160 kilómetros por hora y sin detenerse las veinticuatro horas del día, un automóvil tardaría en recorrerla más de cien años.
Hay quienes creen que en tiempos bíblicos existían telescopios rudimentarios, pues, según ellos, ¿de qué otro modo habrían sabido que el número de estrellas nos resulta incalculable? Tales teorías infundadas no tienen para nada en cuenta a Jehová, el Autor de la Biblia (2 Timoteo 3:16).
Pensemos en cuánto tiempo tardaría una persona en contar solo 100.000 millones de estrellas: a un ritmo de una por segundo, las veinticuatro horas del día, le tomaría tres mil ciento setenta y un años.
Preguntas para meditar
Salmo 8:3-9 ¿Qué lección de humildad nos da la creación?
Salmo 19:1-6 ¿A qué nos debe incitar el poder creador de Jehová, y por qué razón?
Mateo 6:25-34 ¿Cómo nos ayuda a combatir la ansiedad y a fijar las prioridades meditar en el poder creador de Jehová?
Hechos 17:22-31 ¿Cómo nos enseña el uso que da Dios al poder creador que la idolatría está mal y que él está cerca de nosotros?
[Preguntas del estudio]
 1, 2. ¿Cómo demuestra el Sol el poder creador de Jehová?
 3. ¿De qué importante verdad da testimonio el Sol?
 4, 5. ¿Qué potencia tiene el Sol, cuál es su tamaño y cómo es en comparación con otras estrellas?
 6. ¿Cómo indica la Biblia que el número de estrellas resulta extraordinario para el ser humano?
 7. a) Indique el número aproximado de estrellas que contiene la Vía Láctea y si es comparativamente elevado. b) ¿Por qué es significativo que a los astrónomos les resulte difícil contar las galaxias, y qué nos enseña este hecho sobre el poder creador de Jehová?
 8. a) ¿Cómo ilustraría las dimensiones de la Vía Láctea? b) ¿Cómo regula Jehová los movimientos de los cuerpos celestes?
 9, 10. ¿Cómo evidencia el poder de Jehová la ubicación de la Tierra, Júpiter, la Luna y el sistema solar?
11. ¿Cómo está preparada la atmósfera como escudo protector?
12. ¿Cómo ilustra el ciclo del agua el poder creador de Jehová?
13. ¿Qué muestras del poder del Creador vemos en la vegetación y el terreno?
14. ¿Qué energía se halla latente aun en el minúsculo átomo?
15. ¿Qué lección enseñó Jehová a Job al hablar de varios animales salvajes?
16. ¿Qué le impresiona más de algunas creaciones aladas de Jehová?
17. ¿Qué tamaño alcanza la ballena azul, y a qué conclusión lógica deberíamos llegar al examinar la creación animal de Jehová?
18, 19. ¿Cuánta diversidad existe entre los seres que ha creado Jehová en nuestro planeta, y qué nos enseña la creación sobre Su soberanía?
20. ¿En qué sentido ha descansado Jehová desde que terminó su creación terrestre?
21. ¿Cómo influirá eternamente el poder creador de Jehová en los seres humanos fieles?
[Ilustración de la página 48]
Jehová ‘preparó la lumbrera, el sol’
[Ilustración de la página 49]
‘A todas ellas las llama por nombre’

‘Jehová es grande en poder’


ELÍAS ya había contemplado antes maravillas: cuervos que le llevaron comida dos veces al día a su escondite, dos recipientes cuyo contenido de harina y aceite no se agotó durante una larga hambruna e incluso fuego que cayó del cielo en respuesta a su oración (1 Reyes, capítulos 17, 18). Con todo, nunca había visto nada semejante.
2 Acurrucado a la entrada de una cueva del monte Horeb, presenció una serie de sucesos espectaculares. Primero, un vendaval que debió de hacer un ruido ensordecedor, porque era tan fuerte que partía montañas y quebraba peñascos. Luego, un terremoto que liberó extraordinarias fuerzas de la corteza terrestre. Finalmente, un fuego que cundió por la región, por lo que Elías tuvo que sentir el sofocante calor (1 Reyes 19:8-12).
3 Aquellos acontecimientos que vivió Elías tenían un denominador común: eran demostraciones del enorme poder de Jehová. Claro, no es preciso ser testigo de un milagro para comprender que él posee esta cualidad, pues es claramente manifiesta. La Biblia nos indica que la creación da prueba de su “poder sempiterno y Divinidad” (Romanos 1:20). No hay más que pensar en los cegadores relámpagos y resonantes truenos, la magnificencia de una imponente catarata o la sobrecogedora inmensidad de un cielo estrellado. ¿No percibimos en todo ello la fortaleza divina? Sin embargo, en el mundo actual son pocos quienes disciernen este atributo de Dios, y muchos menos quienes saben con exactitud en qué consiste. Si logramos entenderlo, tendremos múltiples razones para acercarnos a él. Por consiguiente, en esta sección efectuaremos un estudio detallado de su incomparable poder.
Atributo esencial de Jehová
4 El Altísimo es inigualable en potencia. Jeremías 10:6 dice: “De ninguna manera hay alguien semejante a ti, oh Jehová. Tú eres grande, y tu nombre es grande en poderío”. Observemos que el poderío se relaciona con el nombre Jehová, el cual, como recordamos, al parecer significa “Él Hace que Llegue a Ser”. ¿Qué permite a Dios crear lo que él desea y llegar a ser lo que él decide? Principalmente, su poder. En efecto, su capacidad de actuar, de realizar su voluntad, es infinita y constituye uno de sus atributos esenciales.
5 Dado que nos resulta imposible comprender cabalmente la magnitud de su poder, Jehová ilustra esta cualidad de diversas maneras. Por ejemplo, ya hemos mencionado que simboliza esta cualidad con el toro (Ezequiel 1:4-10). Y es una elección idónea, pues aunque esté domesticado, este animal sigue siendo grande y fuerte. Quienes vivieron en la Palestina de tiempos bíblicos rara vez, si acaso alguna, se enfrentaron a criatura más vigorosa. Pero sí conocían una especie más intimidante, el toro salvaje, o uro, que hoy se encuentra extinto (Job 39:9-12). El emperador romano Julio César indicó que era de talla algo menor que la del elefante. “Grande es su fuerza y velocidad”, escribió. Imaginémonos qué pequeños y débiles nos sentiríamos ante tal criatura.
6 De igual modo, los hombres son seres minúsculos e impotentes en comparación con el Dios de poder, Jehová, a cuyos ojos, hasta las grandes naciones son comparables a polvo sobre una balanza (Isaías 40:15). A diferencia de sus criaturas, él tiene poder infinito, y por ello recibe en exclusiva la designación “el Todopoderoso” (Revelación [Apocalipsis] 15:3). Es “vigoroso en poder” y posee “abundancia de energía dinámica” (Isaías 40:26). Constituye la fuente inagotable de poder y no depende de nada externo para obtener energía, pues “la fuerza pertenece a Dios” (Salmo 62:11). Ahora bien, ¿de qué medios se vale para ejercerla?
Cómo ejerce Jehová su poder
7 De Jehová brota un incesante caudal de espíritu santo, es decir, de poder divino en acción, o, como lo llama Génesis 1:2, de “fuerza activa”. Los vocablos bíblicos (en griego y hebreo) que se traducen por “espíritu” pueden verterse en otros contextos “viento”, “ráfaga”, “soplo” y “aliento”. Según los lexicógrafos, estos términos originales transmiten la idea de una fuerza dinámica invisible. El espíritu santo, igual que el aire en movimiento, escapa al ojo humano, pero sus efectos son reales y perceptibles.
8 El espíritu santo es aplicable a un sinnúmero de cometidos, y Jehová lo usa para realizar todos sus propósitos. De ahí que la Biblia lo llame simbólicamente su “dedo”, “mano fuerte” o “brazo extendido” (Lucas 11:20; Deuteronomio 5:15; Salmo 8:3). Tal como empleamos la mano para realizar una amplia gama de tareas que requieren diversos grados de fuerza o de delicadeza, Dios utiliza su espíritu para lograr cualquier objetivo, sea crear el infinitesimal átomo, dividir el mar Rojo o facultar milagrosamente a los cristianos del siglo primero para hablar en lenguas extranjeras.
9 Jehová también ejerce su poder valiéndose de su autoridad como Soberano Universal. ¿Nos imaginamos lo que sería disponer de millones de súbditos inteligentes y capaces ansiosos de cumplir nuestras órdenes? Pues él posee tal dominio. Le sirven muchos seres humanos, que en las Escrituras se asemejan a menudo a un ejército (Salmo 68:11; 110:3). Sin embargo, los hombres son débiles en comparación con los ángeles. En una ocasión en que el ejército asirio atacó al pueblo de Dios, bastó un ángel para exterminar a 185.000 soldados en una sola noche (2 Reyes 19:35). En efecto, estos espíritus de Dios son “poderosos en potencia” (Salmo 103:19, 20).
10 ¿Cuántos ángeles existen? El profeta Daniel contempló en una visión más de cien millones de criaturas espirituales ante el trono celestial de Jehová, pero nada indica que se tratara de la totalidad (Daniel 7:10). Por consiguiente, su número tal vez ascienda a centenares de millones. Este hecho explica que Dios reciba el título Jehová de los ejércitos, el cual hace referencia a su elevada posición de Comandante de un enorme y bien organizado cuerpo de vigorosos ángeles. Sobre todos ellos ha colocado a su amado Hijo, “el primogénito de toda la creación” (Colosenses 1:15). Dado que Jesús es el arcángel —el jefe de todos los ángeles, serafines y querubines—, es el ser más poderoso que ha creado Jehová.
11 Jehová dispone de otro medio. Hebreos 4:12 dice: “La palabra de Dios es viva, y ejerce poder”. ¿Hemos observado la fenomenal potencia de su palabra, es decir, su mensaje inspirado por el espíritu, que ahora se conserva en la Biblia? Es capaz de vivificarnos, fortalecer nuestra fe y ayudarnos a realizar grandes cambios. El apóstol Pablo previno a sus hermanos cristianos contra las personas muy inmorales, y luego añadió: “Sin embargo, eso era lo que algunos de ustedes eran” (1 Corintios 6:9-11). En efecto, “la palabra de Dios” ejerció su poder y los llevó a reformarse.
12 Este atributo de Jehová es tan inmenso y sus medios para ejercerlo tan efectivos, que nada se interpone en su camino. Como dijo Jesús, “para Dios todas las cosas son posibles” (Mateo 19:26). ¿Con qué propósito utiliza su poder?
Utiliza su poder con un propósito
13 El espíritu santo es inmensamente superior a las fuerzas físicas. Por otro lado, Jehová no es una mera fuente impersonal de energía, sino un Dios personal con pleno control de su poder. Ahora bien, ¿qué lo mueve a usarlo?
14 Como veremos, Jehová se vale del poder para crear, destruir, proteger, restaurar..., en fin, cuanto sea oportuno para sus propósitos perfectos (Isaías 46:10). A veces lo utiliza con el fin de revelar importantes aspectos de su personalidad y normas. Sobre todo, lo encamina a cumplir su voluntad: vindicar su soberanía y santificar su sagrado nombre por medio del Reino mesiánico. Nada frustrará nunca dicho propósito.
15 Dios también utiliza su poder para beneficio de cada uno de nosotros. Notemos lo que dice 2 Crónicas 16:9: “En cuanto a Jehová, sus ojos están discurriendo por toda la tierra para mostrar su fuerza a favor de aquellos cuyo corazón es completo para con él”. Hallamos un claro ejemplo en la experiencia de Elías, mencionada al principio. ¿Por qué recibió aquella imponente demostración de potencia divina? Pues bien, la malvada reina Jezabel había jurado ejecutarlo, así que el profeta tuvo que huir para salvar la vida. Parecía que todos sus afanes habían sido en vano, y se sentía solo, acobardado y desalentado. El Altísimo lo confortó con un vívido recordatorio de Su fuerza. El viento, el terremoto y el fuego le demostraron que contaba con el respaldo del Ser más poderoso del universo. ¿Por qué temer a Jezabel teniendo de su parte al Dios omnipotente? (1 Reyes 19:1-12.)
16 Aunque ya no es tiempo de que efectúe milagros, Jehová no ha cambiado desde la época de Elías (1 Corintios 13:8). Tiene el mismo deseo de usar su fuerza a favor de quienes lo aman. Aunque reside en las alturas, en el mundo espiritual, no está muy lejos de nosotros. Ante su poderío sin límites, la distancia no es obstáculo. Más bien, “Jehová está cerca de todos los que lo invocan” (Salmo 145:18). En cierta ocasión, el profeta Daniel imploró su ayuda, y no había acabado la oración, cuando se le apareció un ángel (Daniel 9:20-23). Nada le impide ayudar y fortalecer a quienes ama (Salmo 118:6).
¿Tan poderoso que resulta inaccesible?
17 ¿Debería el poder de Dios infundirnos temor a su persona? Sí y no. La contestación es afirmativa en el sentido de que este atributo divino nos da múltiples razones para sentir temor piadoso —el profundo respeto reverencial mencionado en el capítulo anterior—, temor que, como indica la Biblia, es “el principio de la sabiduría” (Salmo 111:10). Pero la respuesta también es negativa, ya que su potencia no nos da motivo para tenerle miedo morboso, retraernos y dejar de acercarnos a él.
18 “El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente”, escribió lord Acton en 1887. El comentario de este noble inglés se cita a menudo, tal vez porque muchos lo consideran innegable. El ser humano, en su imperfección, suele abusar de la autoridad, como vez tras vez ha confirmado la historia (Eclesiastés 4:1; 8:9). Por ello, no pocos desconfían de los poderosos y les rehúyen. Ahora bien, Jehová posee poder absoluto. ¿Lo ha pervertido en algún sentido? Claro que no. Ya hemos visto que es santo, totalmente incorruptible. No es como los hombres y mujeres imperfectos de este mundo degenerado. Nunca ha abusado de su autoridad y nunca lo hará.
19 Recordemos que el poder no es el único atributo de Jehová. Aún nos quedan por estudiar su justicia, sabiduría y amor. Pero no creamos que él demuestra tales atributos de forma rígida y mecánica, uno por uno. Por el contrario, en los próximos capítulos veremos que siempre ejerce el poder en armonía con la justicia, la sabiduría y el amor. Analicemos otra cualidad divina que pocos gobernantes del mundo manifiestan: autodominio.
20 Imaginémonos a un hombre cuya estatura y fortaleza nos intimidan. Sin embargo, con el tiempo observamos que es amable y nunca da mal uso a sus fuerzas, sino que está siempre dispuesto a emplearlas para ayudar y proteger a sus congéneres, sobre todo a los más indefensos y vulnerables. Aunque se le difama sin causa, mantiene un porte firme, pero calmado, digno y amable. Nos preguntamos si seríamos capaces de actuar con tanta bondad y autodominio, sobre todo si fuéramos igual de robustos. Al ir conociéndolo, ¿no nos atraería este hombre? Pues tenemos muchas más razones para acercarnos al Dios todopoderoso. Examinemos la frase completa en que se basa el título del capítulo: “Jehová es tardo para la cólera y grande en poder” (Nahúm 1:3). Él no se apresura a utilizar su fuerza contra nadie, ni siquiera contra los malvados. Manifiesta apacibilidad y bondad, y ha demostrado que es “tardo para la cólera” frente a un sinnúmero de provocaciones (Salmo 78:37-41).
21 Analicemos el autodominio divino desde otro ángulo. Si tuviéramos poder ilimitado, ¿sentiríamos a veces la tentación de obligar a los demás a actuar en conformidad con nuestros deseos? Pues bien, Jehová, omnipotente como es, no fuerza a las personas a servirle, y eso que es el único modo de obtener vida eterna. Por el contrario, las dignifica concediéndoles libre albedrío. Advierte de las consecuencias de escoger mal y explica las recompensas de hacerlo bien, pero deja la elección en nuestras manos (Deuteronomio 30:19, 20). Sencillamente, no tiene ningún interés en que le sirvamos obligados o por miedo malsano a su impresionante potencia. Busca personas que deseen servirle por voluntad propia, por amor (2 Corintios 9:7).
22 Veamos una última razón para no tener pánico al Dios omnipotente. Los altos cargos humanos suelen ser reacios a compartir su poder. En cambio, Jehová se complace en otorgárselo a sus siervos fieles. Por ello, delega considerable autoridad en otras personas, entre ellas su Hijo (Mateo 28:18). Pero también imparte poder a sus siervos de otra manera. Dice la Biblia: “Tuya, oh Jehová, es la grandeza y el poderío y la hermosura y la excelencia y la dignidad; porque todo lo que hay en los cielos y en la tierra es tuyo [...]; y en tu mano hay poder y potencia, y en tu mano hay facultad para hacer grande y para dar fuerzas a todos” (1 Crónicas 29:11, 12).
23 En efecto, Jehová nos fortalecerá gustoso. Hasta imparte “poder que es más allá de lo normal” a quien desea servirle (2 Corintios 4:7). ¿No nos atrae este Dios dinámico, que emplea su poder con tanta bondad y rigiéndose siempre por sus justos principios? En el próximo capítulo analizaremos cómo se vale de él para crear.
[Notas]
El significado literal del término griego para “Todopoderoso” es “Gobernante Sobre Todo; Aquel Que Tiene Todo el Poder”.
La Biblia señala que “Jehová no estaba en el viento” ni “en el temblor” ni “en el fuego”. Así pues, sus siervos no lo buscan en las fuerzas naturales, a diferencia de quienes adoran míticos dioses de la naturaleza. Él es tan grande, que ninguna creación puede contenerlo (1 Reyes 8:27).
Preguntas para meditar
2 Crónicas 16:7-13 ¿Cómo ilustra el ejemplo del rey Asá la gravedad de desconfiar del poder de Jehová?
Salmo 89:6-18 ¿Qué efecto tiene el poder de Jehová en sus adoradores?
Isaías 40:10-31 Según este pasaje, ¿cómo es el poder de Jehová, qué alcance tiene y de qué forma nos beneficia personalmente?
Revelación 11:16-18 ¿Qué uso promete dar Jehová a su poder en el futuro, y por qué reconforta esta garantía a los cristianos verdaderos?
[Preguntas del estudio]
 1, 2. ¿Qué maravillas había contemplado Elías, y qué sucesos espectaculares presenció desde la cueva del monte Horeb?
 3. ¿De qué atributo divino vio demostraciones Elías, y dónde más lo hallamos evidenciado?
 4, 5. a) ¿Qué relación existe entre el nombre de Dios y Su poderío? b) ¿Por qué es adecuado que Jehová eligiera al toro como símbolo de su poder?
 6. ¿Por qué le corresponde solo a Jehová la designación “el Todopoderoso”?
 7. ¿Qué es el espíritu santo de Jehová, y qué idea transmiten los términos originales empleados en las Escrituras?
 8. ¿Qué designaciones simbólicas se emplean en la Biblia para referirse al espíritu de Dios, y por qué son adecuadas?
 9. ¿Sobre quiénes se extiende el dominio de Jehová?
10. a) ¿Por qué recibe el Todopoderoso el título Jehová de los ejércitos? b) ¿Cuál es el ser más poderoso que ha creado Jehová?
11, 12. a) ¿De qué maneras ejerce poder la palabra de Dios? b) ¿Cómo atestiguó Jesús la magnitud del poder de Jehová?
13, 14. a) ¿Por qué decimos que Jehová no es una fuente impersonal de energía? b) ¿De qué formas utiliza su poder?
15. ¿Con qué propósito emplea Jehová su poder en el caso de sus siervos, y cómo lo demostró con Elías?
16. ¿Por qué nos consuela pensar en el gran poder de Jehová?
17. ¿En qué sentido nos infunde temor el poder de Jehová, pero qué tipo de temor no suscita?
18. a) ¿Por qué desconfían de los poderosos muchas personas? b) ¿Cómo sabemos que el poder no puede corromper a Jehová?
19, 20. a) ¿Qué otras cualidades acompañan siempre al ejercicio del poder de Jehová, y por qué nos reconforta saberlo? b) ¿Cómo ilustraríamos su autodominio, y por qué es atrayente dicha cualidad?
21. ¿Por qué se contiene Jehová de obligar a la gente a hacer su voluntad, y qué nos enseña sobre él este hecho?
22, 23. a) ¿Qué indica que a Jehová le complace otorgar poder a otras personas? b) ¿Qué trataremos en el próximo capítulo?
[Ilustración de la página 39]
“¡Mire!, Jehová iba pasando”

“Santo, santo, santo es Jehová”


LA ESCENA que Isaías tuvo ante sí —una visión procedente de Dios— era tan real que lo llenó de temor reverente. Más tarde escribió que había “consegu[ido] ver a Jehová” en su trono excelso, y que los vuelos de su manto llenaban el gran templo de Jerusalén (Isaías 6:1, 2).
2 También lo sobrecogieron los sonidos: un canto tan poderoso que sacudía el santuario hasta los cimientos, y cuyos intérpretes eran serafines, criaturas espirituales de muy alto rango. Sus voces, llenas de fuerza, armonía y majestad, cantaban: “Santo, santo, santo es Jehová de los ejércitos. La plenitud de toda la tierra es su gloria” (Isaías 6:3, 4). Aquellas criaturas dieron particular énfasis al calificativo santo al pronunciarlo tres veces; e hicieron bien, porque Jehová lo es en sumo grado (Revelación [Apocalipsis] 4:8). Por toda la Biblia se destaca su santidad, como muestran cientos de versículos que enlazan su nombre con las palabras santo y santidad.
3 Así pues, la santidad es un rasgo primordial del carácter de Jehová que él desea que conozcamos. No obstante, esta idea suscita rechazo en muchas personas. En algunas, porque caen en el error de relacionar dicha cualidad con el fariseísmo o con la falsa piedad; en otras, porque carecen de amor propio, y el hecho de que Dios sea santo tal vez les resulte más intimidante que atrayente, de modo que opinan que nunca serán dignas de acercarse a él. Por estos motivos muchos se alejan de Jehová, lo cual constituye un error lamentable, pues esta virtud divina es una razón de peso para acudir a él. ¿Por qué? Antes de responder, analicemos en qué consiste la verdadera santidad.
¿Qué es la santidad?
4 La santidad de Dios no implica engreimiento, altivez ni desdén, actitudes que él de hecho detesta (Proverbios 16:5; Santiago 4:6). Entonces, ¿qué significa ser “santo”? El término bíblico hebreo se deriva de un verbo que significa “separar”, y se emplea en contextos religiosos para todo lo que se aparta del uso común y se considera sagrado. El sustantivo santidad también transmite claramente las nociones de limpieza y pureza. ¿Cómo le aplica este vocablo a Jehová? ¿Indica que esté “separado”, y por lo tanto muy lejos, de los seres humanos imperfectos?
5 De ningún modo, pues Jehová dijo que él, “el Santo de Israel”, moraba “en medio de” su pueblo, aunque lo integraran personas pecadoras (Isaías 12:6; Oseas 11:9). De modo que la santidad no lo convierte en un ser distante. ¿En qué sentidos está “separado”, entonces? En dos aspectos esenciales. Primero, se distingue de toda la creación porque él, y nadie más, es el Altísimo y posee pureza y limpieza a un grado absoluto e infinito (Salmo 40:5; 83:18). Segundo, se halla aparte de todo lo pecaminoso, lo cual constituye una característica reconfortante. ¿Por qué?
6 Vivimos en un mundo donde escasea la verdadera santidad. Todos los elementos de la humanidad alejada de Dios están contaminados de una forma u otra, manchados por el pecado y la imperfección. Cada persona tiene que combatir el pecado que alberga en su interior y, por tanto, corre peligro de dejar que este la domine si baja la guardia (Romanos 7:15-25; 1 Corintios 10:12). Pero no es así con Jehová, quien está separado por completo del pecado, por lo que jamás sufrirá la más mínima contaminación. Esta realidad lo hace merecedor de total confianza y, en consecuencia, nos confirma que es el Padre ideal. A diferencia de muchos padres pecadores, nunca incurrirá en actos corruptos, disolutos o abusivos, dado que se lo impide la santidad. De hecho, a veces ha llegado a jurar por esta cualidad, ya que no hay nada más fiable (Amós 4:2). ¿Verdad que resulta tranquilizador?
7 La santidad es una cualidad propia de la naturaleza de Jehová. ¿Qué significa esta afirmación? Para ilustrarlo, pensemos en los vocablos hombre e imperfecto. No podemos describir el primero sin evocar el segundo, dado que la imperfección impregna todo nuestro ser e influye en cuanto hacemos. Ahora fijémonos en dos vocablos muy diferentes: Jehová y santo. La santidad es una cualidad intrínseca de Dios, quien es limpio, puro y recto en todo sentido. Así pues, resulta imposible conocerlo tal y como es sin comprender cabalmente el profundo significado de la palabra santo.
“La santidad pertenece a Jehová”
8 Puesto que Jehová personifica la santidad, podemos decir con acierto que es su fuente. En vez de acapararla, la imparte con generosidad. Por ejemplo, cuando se comunicó con Moisés mediante un ángel en la zarza ardiente, hasta el suelo se santificó al haber estado vinculado al Todopoderoso (Éxodo 3:5).
9 Con la ayuda de Jehová, ¿pueden ser santos los seres humanos imperfectos? Sí, pero en sentido relativo. Dios puso ante su pueblo Israel la perspectiva de convertirse en “nación santa” (Éxodo 19:6). Lo bendijo con un sistema de adoración santo, limpio y puro. De ahí que la santidad sea un tema recurrente en la Ley mosaica. De hecho, todo el pueblo podía ver la reluciente lámina de oro que ostentaba el turbante del sumo sacerdote. En ella aparecía inscrito: “La santidad pertenece a Jehová” (Éxodo 28:36). Así pues, la adoración y la vida de los israelitas debían distinguirse por un elevado nivel de limpieza y pureza. Se les dijo: “Deben resultar santos, porque yo Jehová su Dios soy santo” (Levítico 19:2). Y lo serían, en sentido relativo, en tanto se rigieran por las enseñanzas divinas al grado que se lo permitiera la imperfección.
10 Hay un marcado contraste entre la importancia que recibía la santidad en Israel y el culto pagano de las naciones vecinas, que veneraban dioses totalmente imaginarios, a quienes atribuían un carácter violento, codicioso y promiscuo. Sin duda, eran deidades impuras en todo sentido, y su adoración hacía inmundos a los participantes. Por esta razón, Jehová exhortó a sus siervos a mantenerse separados de los paganos y de sus sucias prácticas religiosas (Levítico 18:24-28; 1 Reyes 11:1, 2).
11 Aun en sus mejores momentos, el pueblo escogido solo pudo ofrecer un pálido reflejo de la santidad de la organización celestial de Jehová, integrada por millones de criaturas espirituales que le sirven con lealtad y a quienes la Biblia denomina sus “santas miríadas” (Deuteronomio 33:2; Judas 14). Tales ángeles reflejan a la perfección la radiante y pura belleza de la santidad divina. Y no olvidemos a los serafines de la visión de Isaías, poderosos espíritus cuya canción denota que desempeñan un importante papel en la proclamación universal de la santidad de Jehová. Pero existe una criatura celestial que los sobrepasa a todos: Jesús, el Hijo unigénito de Jehová, que refleja como nadie Su santidad, por lo que merece la designación “el Santo de Dios” (Juan 6:68, 69).
La santidad de su nombre y de su espíritu
12 ¿Qué puede decirse del nombre divino? Como vimos en el primer capítulo, no es un mero título o etiqueta, sino que representa a Dios con todas sus cualidades. Por tanto, las Escrituras indican que su “nombre es santo” (Isaías 57:15). Y la Ley mosaica estipulaba la pena capital para quien lo profanase (Levítico 24:16). Observe además a qué concedió Jesús la máxima importancia en la oración: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre” (Mateo 6:9). Santificar significa apartar o reservar algo con fines sagrados, hacerlo santo. Ahora bien, ¿por qué es preciso santificar algo tan puro en sí mismo como el nombre divino?
13 La razón es que se ha atacado, mancillado y calumniado ese santo nombre. En Edén, Satanás lanzó falsas acusaciones contra Jehová e insinuó que es un Soberano injusto (Génesis 3:1-5). Desde ese momento, el Diablo, el gobernante de este mundo impuro, se aseguró de esparcir a los cuatro vientos tales mentiras (Juan 8:44; 12:31; Revelación 12:9). Muchas religiones dan a entender que Dios es arbitrario, distante y cruel, y que respalda sus guerras sanguinarias. Por si fuera poco, a menudo se atribuyen las maravillosas creaciones de Jehová al azar ciego de la evolución. En efecto, se ha difamado con saña el nombre divino, por lo que es preciso santificarlo y devolverle su legítima gloria. De ahí que anhelemos la santificación de dicho nombre y la vindicación de la soberanía de Dios, y que deseemos contribuir cuanto podamos a tan glorioso propósito.
14 Hay algo más que guarda estrecha relación con Jehová y que casi siempre se califica de santo: su espíritu, la irresistible fuerza activa que utiliza para llevar a cabo sus designios (Génesis 1:2). Dado que todas las acciones de Dios son santas, puras y limpias, tal fuerza se denomina con justicia espíritu santo o espíritu de la santidad (Lucas 11:13; Romanos 1:4). Blasfemar contra dicho espíritu, lo que implica oposición deliberada a los propósitos divinos, es un pecado imperdonable (Marcos 3:29).
Por qué nos atrae a Jehová su santidad
15 Así pues, es fácil entender por qué relaciona la Biblia la santidad divina con el temor piadoso del ser humano. Por ejemplo, Salmo 99:3 dice: “Elogien ellos tu nombre. Grande e inspirador de temor, santo es”. No se trata de miedo malsano, sino de profunda devoción, de respeto que ennoblece en grado sumo a quien lo siente. Es apropiado, ya que la santidad de Dios —radiante, pura y gloriosa— está muy por encima de nosotros. Con todo, tener un criterio adecuado acerca de esta cualidad de Jehová no nos alejará, sino más bien, nos acercará a él. ¿Por qué?
16 En primer lugar, las Escrituras relacionan lo santo con lo bello. Así, Isaías 63:15 señala que el cielo es la “excelsa morada de santidad y hermosura” de Dios. La belleza nos atrae. Observe, por ejemplo, la lámina de la página 33. ¿No le llama la atención? ¿En qué reside su encanto? Fíjese en lo pura que parece el agua. Hasta el aire debe de estar limpio, porque el cielo es azul y se ven como destellos de luz. Ahora bien, si se modificara el paisaje, de modo que el arroyo estuviera lleno de basura, los árboles y las piedras pintarrajeados y el aire viciado, dejaría de atraernos y, de hecho, nos repelería. En efecto, de forma natural asociamos la belleza con la limpieza, la pureza y la luz, palabras que suelen utilizarse al hablar de la santidad de Jehová. No es de extrañar que nos cautiven las descripciones de nuestro santo Dios que ofrecen las visiones, donde irradia luz o resplandece como el fuego, las gemas o los metales preciosos más relucientes y puros, destacándose así la inmensa belleza y santidad del Creador (Ezequiel 1:25-28; Revelación 4:2, 3).
17 Entonces, ¿debería la santidad de Dios hacernos sentir inferiores? Por supuesto, contestamos que lo somos, y con una diferencia abismal. Pero ¿es este hecho motivo para alejarnos de él? Observemos cómo reaccionó Isaías ante la proclamación de la santidad del Todopoderoso que hacían los serafines: “Procedí a decir: ‘¡Ay de mí! ¡Pues puedo darme como reducido a silencio, porque hombre inmundo de labios soy, y en medio de un pueblo inmundo de labios moro; pues mis ojos han visto al mismo Rey, Jehová de los ejércitos!’” (Isaías 6:5). Así es, Su infinita santidad le recordó al fiel profeta lo pecador e imperfecto que era. En un principio sintió desolación, pero el Altísimo no lo dejó en ese estado.
18 Un serafín consoló a Isaías en el acto. ¿Cómo? El poderoso espíritu voló hasta el altar, tomó de allí una brasa y le tocó con ella los labios. Aunque parezca más doloroso que reconfortante, recuerde que era una visión llena de simbolismos. Aquel judío fiel sabía que todos los días se ofrecían sacrificios en el altar del templo para expiar los pecados. De modo que el serafín le recordó bondadosamente a Isaías que pese a ser imperfecto, “inmundo de labios”, podía tener una condición pura ante Jehová, quien estaba dispuesto a considerar santo, al menos en sentido relativo, a un hombre sujeto a la imperfección y el pecado (Isaías 6:6, 7).
19 Lo mismo sucede hoy. Las ofrendas realizadas en el altar de Jerusalén fueron meras sombras de algo mayor: el sacrificio perfecto de Jesucristo en el año 33 E.C. (Hebreos 9:11-14.) Recibimos el perdón de los pecados si nos arrepentimos con sinceridad, nos enmendamos y ciframos fe en dicho sacrificio (1 Juan 2:2). Así pues, nosotros también podemos tener una condición pura ante Dios. De ahí que el apóstol Pedro nos recuerde: “Está escrito: ‘Tienen que ser santos, porque yo soy santo’” (1 Pedro 1:16). Observe que Jehová no dijo que debíamos ser tan santos como él. Nunca nos pide imposibles (Salmo 103:13, 14). Nos dice, más bien, que seamos santos porque él lo es. “Como hijos amados”, tratamos de imitarlo lo mejor que nos permite la imperfección (Efesios 5:1). La santificación es un proceso constante. Al ir creciendo nuestra espiritualidad, tratamos día a día de seguir “perfeccionando la santidad” (2 Corintios 7:1).
20 Jehová ama la rectitud y la pureza, pero odia el pecado (Habacuc 1:13). Sin embargo, no nos odia a nosotros. Nos perdona siempre que mantengamos su criterio sobre el pecado —es decir, mientras aborrezcamos el mal y amemos el bien— y luchemos por seguir los pasos perfectos de Cristo (Amós 5:15; 1 Pedro 2:21). Saber que podemos estar limpios a los ojos del Dios santo tiene un profundo efecto en nosotros. Tengamos presente que, al principio, la santidad divina le recordó a Isaías su propia impureza, por lo que exclamó: “¡Ay de mí!”. Pero al comprender que sus pecados habían sido expiados, cambió de actitud. Así, cuando Jehová solicitó un voluntario, el profeta, aun sin saber en qué consistiría la misión, respondió al instante: “¡Aquí estoy yo! Envíame a mí” (Isaías 6:5-8).
21 Estamos hechos a la imagen del Dios santo, quien nos ha dotado de cualidades morales y facultades espirituales (Génesis 1:26). Efectivamente, tenemos la capacidad de cultivar la santidad. Si seguimos haciéndolo, Jehová se complacerá en ayudarnos y, mientras tanto, nos acercaremos cada vez más a él. Cuando estudiemos sus cualidades en los siguientes capítulos, veremos que existen muchas razones de peso para acercarnos a Dios.
[Nota]
La expresión “inmundo de labios” es acertada, pues la Biblia a menudo emplea el término labios en sentido figurado con referencia al habla o el idioma. Buena parte de los pecados que cometemos los seres humanos imperfectos está relacionada con el uso de la facultad del habla (Proverbios 10:19; Santiago 3:2, 6).
Preguntas para meditar
Levítico 19:1-18 ¿Qué principios hemos de aplicar para que nuestra conducta sea santa?
Deuteronomio 23:9-14 ¿Qué relación hay entre limpieza física y santidad? ¿Cómo debe repercutir este hecho en el arreglo personal y de la casa?
Romanos 6:12-23; 12:1-3 Si procuramos ser santos, ¿cómo debemos ver el pecado y las influencias mundanas?
Hebreos 12:12-17 ¿Cómo vamos en pos de la santificación?
[Preguntas del estudio]
 1, 2. ¿Qué visión recibió el profeta Isaías, y qué nos enseña acerca de Jehová?
 3. ¿Qué opiniones erróneas sobre la santidad de Jehová inducen a muchos a alejarse de Dios en vez de acercarse a él?
 4, 5. a) ¿Qué significa santidad, y qué no implica? b) ¿En qué dos aspectos esenciales está “separado” Jehová?
 6. ¿Por qué nos reconforta saber que Jehová está separado por completo del pecado?
 7. ¿Por qué puede decirse que la santidad es connatural a Jehová?
 8, 9. ¿Qué indica que Jehová ayuda a los seres humanos imperfectos a ser santos en sentido relativo?
10. ¿Qué contraste había en materia de santidad entre el antiguo Israel y las naciones vecinas?
11. ¿Cómo se evidencia la santidad de la organización de Jehová en a) los ángeles? b) los serafines? c) Jesús?
12, 13. a) ¿Por qué es justo decir que el nombre de Dios es santo? b) ¿Por qué debe santificarse el nombre divino?
14. ¿Por qué se califica de santo el espíritu de Dios, y por qué es tan grave blasfemar contra él?
15. ¿Por qué es apropiado que la santidad de Jehová nos inspire temor piadoso, y en qué consiste dicho temor?
16. a) ¿Qué relación hay entre la santidad y la belleza? Dé un ejemplo. b) ¿Cómo resaltan la limpieza, la pureza y la luz las descripciones de Jehová que aparecen en las visiones?
17, 18. a) ¿Cómo se sintió Isaías al principio a raíz de la visión? b) ¿Cómo lo consoló Jehová mediante un serafín, y qué significaba la acción de este?
19. ¿Cómo podemos ser santos en sentido relativo a pesar de nuestra imperfección?
20. a) ¿Por qué es importante tener presente que podemos estar limpios a los ojos del Dios santo? b) ¿Qué efecto tuvo en Isaías conocer que sus pecados habían sido expiados?
21. ¿Qué razones hay para estar seguros de que nos es posible cultivar la santidad?
[Ilustración de la página 33]
La santidad debe atraernos tanto como la belleza

¿De verdad podemos ‘acercarnos a Dios’?


¿CÓMO se sentiría si el Creador del cielo y de la Tierra dijera que usted es su amigo? Muchas personas consideran poco probable tal posibilidad. Al fin y al cabo, ¿cómo va a entablar amistad con Jehová un simple ser humano? Sin embargo, la Biblia nos asegura que dicha relación es viable.
2 El patriarca Abrahán fue uno de los personajes de la antigüedad que disfrutaron de intimidad con el Altísimo, pues este lo llamó “mi amigo” (Isaías 41:8). En efecto, Jehová lo consideraba un amigo entrañable. Le concedió gozar de tan estrecha relación porque “puso fe en [él]” (Santiago 2:23). En la actualidad, Jehová también busca oportunidades de ‘apegarse’ a quienes le sirven por amor (Deuteronomio 10:15). En su Palabra encontramos una exhortación que encierra tanto una invitación como una promesa: “Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes” (Santiago 4:8).
3 Jehová nos invita a acercarnos a él, dado que está dispuesto a aceptarnos. Al mismo tiempo, promete que si damos los pasos necesarios para aproximarnos a él, actuará en correspondencia y se acercará a nosotros. De esta forma obtendremos algo sumamente valioso: “la intimidad con Jehová” (Salmo 25:14). El término hebreo traducido por “intimidad” transmite la idea de conversación confidencial entre dos buenos amigos.
4 ¿Tiene usted algún amigo que goce de su total confianza? Si así es, debe de ser una persona que se la ha ganado preocupándose por usted y demostrándole fidelidad. Aumentan las alegrías cuando las comparte con ella, y disminuyen las penas cuando se beneficia de su comprensión. Es alguien que lo entiende, aunque nadie más lo haga. De igual modo, cuando nos acercamos a Dios, llegamos a tener un Amigo especial que nos aprecia de verdad, se interesa profundamente por nosotros y nos comprende a la perfección (Salmo 103:14; 1 Pedro 5:7). Le confiamos nuestros sentimientos más recónditos porque sabemos que es leal con quienes le son leales (Salmo 18:25). Ahora bien, esta privilegiada intimidad la podemos lograr tan solo porque Jehová lo ha hecho posible.
Jehová ha abierto el camino
5 Puesto que todos pecamos, nunca podríamos acercarnos al Creador por nuestra cuenta (Salmo 5:4). “Pero Dios recomienda su propio amor a nosotros en que, mientras todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros”, escribió el apóstol Pablo (Romanos 5:8). En efecto, Jehová dispuso que Jesús ‘diera su alma en rescate en cambio por muchos’ (Mateo 20:28). La fe en su sacrificio redentor nos permite ser amigos del Altísimo. Dado que él “nos amó primero”, colocó el fundamento necesario para que gozáramos de su amistad (1 Juan 4:19).
6 Jehová ha dado un paso más: nos ha manifestado su modo de ser. La amistad íntima implica saber bien cómo es la persona y apreciarla por sus virtudes y forma de actuar. Por tanto, si Dios fuera un Ser misterioso que escapara a todo conocimiento, jamás podríamos acercarnos a él. Pero en vez de ocultarse, desea que lo conozcamos (Isaías 45:19). Es más, sus revelaciones sobre sí mismo están al alcance de todos, hasta de quienes son considerados insignificantes por el mundo (Mateo 11:25).
7 ¿De qué maneras se nos revela Jehová? En sus obras creativas resultan patentes algunos rasgos de su personalidad, como su enorme poder, profunda sabiduría e inmenso amor (Romanos 1:20). Sin embargo, él no solo aporta información sobre sí mismo mediante la creación. El Gran Comunicador también manifiesta cómo es en su Palabra escrita, la Biblia.
Contemplemos “la agradabilidad de Jehová”
8 La propia Biblia es una prueba del cariño que nos profesa Jehová. Al revelarse en las Escrituras con términos que nos resultan comprensibles, demuestra que nos ama y desea que lo conozcamos y queramos. Este valiosísimo libro nos permite contemplar “la agradabilidad de Jehová” y nos mueve a acercarnos a él (Salmo 90:17). Será reconfortante analizar varias formas en las que Dios se da a conocer en su Palabra.
9 Las Escrituras suelen hacer mención directa de las cualidades divinas. He aquí algunos ejemplos. “Jehová es amador de la justicia.” (Salmo 37:28.) Es “sublime en poder” (Job 37:23). “‘Soy leal’, es la expresión de Jehová.” (Jeremías 3:12.) “Es sabio de corazón.” (Job 9:4.) Es “un Dios misericordioso y benévolo, tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa y verdad” (Éxodo 34:6). “Tú, oh Jehová, eres bueno y estás listo para perdonar.” (Salmo 86:5.) Y como indicó el capítulo anterior, se destaca por un atributo: “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Al meditar en características tan hermosas, ¿no le atrae este incomparable Dios?
10 Además de indicarnos sus cualidades, Jehová tuvo la benevolencia de referir en su Palabra algunas acciones suyas que las manifiestan. Dichos relatos nos ofrecen una imagen vívida de los distintos aspectos de su personalidad, lo que a su vez nos ayuda a acercarnos a él. Veamos un ejemplo.
11 No es lo mismo leer la declaración de que Dios es “vigoroso en poder” que leer acerca del modo como salvó a los israelitas en el mar Rojo y los cuidó durante cuarenta años en el desierto (Isaías 40:26). Gracias a esta historia visualizamos la división del agitado mar y a la entera nación —tal vez tres millones de almas— cruzando por el lecho seco entre dos enormes muros de agua inmóvil (Éxodo 14:21; 15:8). Vemos pruebas de que Jehová cuidó y protegió a su pueblo en el desierto, pues, por ejemplo, hizo que fluyera agua de un peñasco y le proporcionó un alimento, semejante a semillas blancas, que aparecía en el suelo (Éxodo 16:31; Números 20:11). Este relato no solo demuestra que el Altísimo tiene poder, sino que lo utiliza a favor de su pueblo. ¿Verdad que nos tranquiliza saber que oramos a un Dios poderoso que “es para nosotros refugio y fuerza, una ayuda que puede hallarse prontamente durante angustias”? (Salmo 46:1.)
12 Jehová, que es un espíritu, ha hecho aún más para ayudarnos a conocerlo. Puesto que los seres humanos solo podemos observar las realidades visibles, somos incapaces de ver el mundo espiritual. El que Dios nos hubiese descrito su naturaleza con expresiones propias de dicho mundo habría sido como tratar de explicar a un ciego de nacimiento de qué color tenemos los ojos o cuál es la forma de nuestros lunares. Por ello, nos ayuda bondadosamente a “verlo” usando términos que nos resulten comprensibles. A veces se vale de metáforas y símiles en los que se asemeja a cosas que conocemos bien, e incluso llega a describirse como si tuviera rasgos humanos.
13 Fijémonos en la descripción de Jehová que ofrece Isaías 40:11: “Como pastor pastoreará su propio hato. Con su brazo juntará los corderos; y en su seno los llevará”. Este pasaje lo compara a un pastor que recoge a los corderos con “su brazo”, imagen que denota su capacidad para proteger y cuidar a sus siervos, hasta a los más vulnerables. Nos sentimos seguros entre sus fuertes brazos, pues sabemos que si le somos leales, nunca nos abandonará (Romanos 8:38, 39). El Gran Pastor lleva a los corderos “en su seno”, es decir, en el pliegue de la parte superior de la vestidura, donde a veces se cargaban los corderos recién nacidos. De este modo se nos asegura que Jehová nos aprecia y cuida con ternura, lo que infunde en nosotros el deseo natural de estrechar los vínculos con él.
‘El Hijo está dispuesto a revelarlo’
14 En su Palabra, Jehová revela los aspectos más recónditos de su personalidad mediante su amado Hijo, Jesús. Nadie más podía dar un reflejo tan fiel de sus pensamientos y sentimientos, ni describirlo con tanta viveza. No en vano es su primogénito, por lo que estuvo a su lado antes de la creación de otras criaturas espirituales y del universo físico (Colosenses 1:15). Jesús conocía íntimamente al Altísimo. Por ello pudo decir: “Nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y nadie conoce quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo esté dispuesto a revelarlo” (Lucas 10:22). Durante su existencia humana en la Tierra reveló cómo es su Padre de dos importantes maneras.
15 Primero, Jesús nos ayuda a conocer al Padre por medio de sus enseñanzas. Habló de Jehová de un modo que nos toca el corazón. Así, para explicar que es misericordioso y acoge a los pecadores arrepentidos, lo asemejó a un padre perdonador que, conmovido al ver regresar al hijo pródigo, corre a su encuentro, se abraza a su cuello y lo besa tiernamente (Lucas 15:11-24). Jesús también enseñó que Jehová ‘atrae’ a las personas de corazón recto porque ama a cada una de ellas (Juan 6:44). Indicó que sabe incluso cuándo cae a tierra un gorrioncillo. “No tengan temor —dijo Jesús—: ustedes valen más que muchos gorriones.” (Mateo 10:29, 31.) ¿Cómo no va a atraernos un Dios tan bondadoso?
16 Segundo, Jesús nos ayuda a conocer a Jehová por medio de su ejemplo, pues fue un reflejo tan fiel del Altísimo que pudo decir: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre también” (Juan 14:9). Por consiguiente, cuando leemos en los Evangelios acerca de Cristo —sus sentimientos y el trato que daba a los demás—, observamos, en cierto modo, el vivo retrato de su Padre. Jehová no pudo revelar sus cualidades de manera más clara. ¿Por qué?
17 Para ilustrarlo, imaginémonos que hemos de explicar qué es la bondad. Podemos definirla con palabras; pero si nos referimos al acto bondadoso de alguna persona y lo mostramos como dechado de tal virtud, el término cobra mayor significado y es más fácil de comprender. Algo parecido es lo que ha hecho Jehová para ayudarnos a entender cómo es él. Además de describirse con palabras, nos ha proporcionado el vivo ejemplo de su Hijo, cuyo modo de actuar evidenció las cualidades divinas. Es como si a través de los relatos evangélicos que hablan de Jesús, Dios nos dijera: “Así soy yo”. Ahora bien, según las Escrituras inspiradas, ¿qué cualidades manifestó Jesús cuando estuvo en la Tierra?
18 Hallamos en Cristo una hermosa expresión de los cuatro atributos principales de Dios. Tenía poder sobre la enfermedad, el hambre e incluso la muerte; pero, a diferencia de los hombres egoístas que abusan del poder, nunca utilizó sus facultades milagrosas en beneficio propio o para hacer daño (Mateo 4:2-4). Amaba la justicia, por lo que se llenó de recta indignación al ver a los abusivos mercaderes lucrarse con la gente (Mateo 21:12, 13). Trató con imparcialidad a pobres y oprimidos, y los ayudó a ‘hallar refrigerio para sus almas’ (Mateo 11:4, 5, 28-30). Jesús —quien era “más que Salomón”— manifestó en su doctrina una sabiduría incomparable, aunque nunca alardeó de ello (Mateo 12:42). Sus enseñanzas eran claras, sencillas y prácticas, y por eso llegaban al corazón de la gente común.
19 Jesús fue un ejemplo sublime de amor. Durante su ministerio demostró esta cualidad en sus múltiples facetas, tales como la empatía y la misericordia. No podía presenciar el sufrimiento sin apiadarse, lo que lo llevaba a actuar vez tras vez (Mateo 14:14). Aunque curó a los enfermos y alimentó a los hambrientos, expresó su compasión de una forma mucho más decisiva: ayudando al prójimo a conocer, aceptar y amar la verdad acerca del Reino de Dios, el gobierno que traerá bendiciones permanentes a la humanidad (Marcos 6:34; Lucas 4:43). No obstante, su mayor muestra de amor altruista fue la entrega voluntaria de su alma a favor de otras personas (Juan 15:13).
20 ¿No es natural que este hombre tierno, afectuoso y de intensos sentimientos atrajera a gente de todas las edades y antecedentes? (Marcos 10:13-16.) Pues bien, cuando leamos y meditemos sobre el ejemplo vivo de Jesús, tengamos siempre presente que el Hijo es el claro reflejo de su Padre (Hebreos 1:3).
Un libro de texto que nos ayuda
21 Al revelarse tan claramente en su Palabra, Jehová manifiesta su deseo de que nos acerquemos a él. Al mismo tiempo, no nos obliga a obtener su aprobación y entablar una relación con él. Es responsabilidad nuestra buscarlo “mientras pueda ser hallado”, lo que implica aprender su forma de ser y actuar, dada a conocer mediante la Biblia (Isaías 55:6). La finalidad del libro de texto que tiene en sus manos es ayudarle a lograr tal objetivo.
22 Observaremos que este manual se divide en secciones que corresponden a los cuatro atributos cardinales de Jehová: poder, justicia, sabiduría y amor. Todas las secciones comienzan con una exposición general de la cualidad de que tratan, y los capítulos siguientes analizan cómo manifiesta él las diversas facetas de dicha cualidad. Cada una de las cuatro secciones contiene un capítulo que explica cómo ejemplificó Jesús el atributo en cuestión y otro que nos enseña a reflejarlo en nuestra vida.
23 A partir de este capítulo, hay un recuadro especial titulado “Preguntas para meditar”. Tomemos como ejemplo el de la página 24. Los textos bíblicos y las preguntas no tienen la finalidad de repasar el capítulo, sino de hacernos reflexionar en otros aspectos importantes relacionados con el tema. ¿Cómo podemos sacar provecho de este recuadro? Busquemos los textos y leámoslos atentamente. A continuación, leamos las preguntas y pensemos cómo responderlas. Podemos realizar algo de investigación. Planteémonos: “¿Qué me enseña esta información acerca de Jehová?, ¿cómo debe influir en mi vida? y ¿cómo puedo utilizarla para ayudar a otras personas?”.
24 Este examen nos ayudará a acercarnos cada vez más a Jehová. ¿Por qué? La Biblia relaciona la meditación con el corazón (Salmo 19:14). Cuando reflexionamos con gratitud en lo que aprendemos sobre Dios, dicho conocimiento se graba poco a poco en nuestro corazón figurado, de manera que influye en nuestro modo de pensar y sentir y, en último término, nos incita a actuar. El amor que le tenemos se profundiza, lo que nos lleva a verlo como nuestro mejor Amigo y, por tanto, a desear agradarle (1 Juan 5:3). A fin de entablar una relación así con él, hemos de saber cómo es y cómo actúa. Pero antes analicemos un aspecto de su personalidad que nos proporciona una razón convincente para acercarnos a él: su santidad.
[Notas]
Cabe señalar que la misma palabra que se traduce “intimidad” aparece en Amós 3:7, donde dice que el Señor Soberano Jehová revela su “asunto confidencial” a sus siervos, a quienes comunica de antemano sus propósitos.
Por ejemplo, la Biblia lo presenta como si tuviera rostro, ojos, oídos, nariz, boca, brazos y pies (Salmo 18:15; 27:8; 44:3; Isaías 60:13; Mateo 4:4; 1 Pedro 3:12). Tales expresiones son figurativas y por tanto no hemos de entenderlas al pie de la letra, igual que no interpretamos de forma literal que Jehová sea “la Roca” o un “escudo” (Deuteronomio 32:4; Salmo 84:11).
Preguntas para meditar
Salmo 15:1-5 ¿Qué espera Jehová de quienes desean ser sus amigos?
Salmo 34:1-18 ¿De quiénes está cerca Jehová, y qué confianza pueden cifrar estos en él?
Salmo 145:18-21 ¿Qué actividad nos acercará a Jehová?
2 Corintios 6:14–7:1 ¿Qué conducta es esencial para mantener una estrecha relación con Jehová?
[Preguntas del estudio]
 1, 2. a) ¿Qué idea les parece improbable a muchas personas, pero qué nos garantiza la Biblia? b) ¿De qué estrecha relación se le concedió disfrutar a Abrahán, y por qué?
 3. ¿A qué nos invita Jehová, y qué nos promete al respecto?
 4. ¿Cómo describiría a un amigo íntimo, y en qué sentido es Jehová así con quienes se acercan a él?
 5. ¿Cómo hizo posible Jehová que nos acercáramos a él?
 6, 7. a) ¿Cómo sabemos que Jehová no es un Dios misterioso que escape a nuestro conocimiento? b) ¿De qué maneras se revela Jehová?
 8. ¿Por qué puede decirse que la Biblia misma da prueba del cariño que nos profesa Jehová?
 9. Señale algunos pasajes de las Escrituras que hagan mención directa de las cualidades divinas.
10, 11. a) ¿Qué ha incluido Jehová en su Palabra para ayudarnos a conocer mejor su personalidad? b) ¿Qué historia bíblica nos permite visualizar el poder de Dios en acción?
12. ¿Cómo nos ayuda Jehová a “verlo” utilizando términos que nos resulten comprensibles?
13. ¿Qué imagen de Jehová da Isaías 40:11, y qué sentimientos nos infunde esta?
14. ¿Por qué puede decirse que Jehová revela los aspectos más recónditos de su personalidad mediante Jesús?
15, 16. ¿De qué dos maneras reveló Jesús a su Padre?
17. Ilustre lo que ha hecho Jehová para ayudarnos a conocerlo.
18. ¿Cómo manifestó Jesús el poder, la justicia y la sabiduría divinas?
19, 20. a) ¿Por qué puede decirse que Jesús fue un ejemplo sublime de amor? b) ¿Qué debemos tener presente cuando leemos acerca de Jesús?
21, 22. ¿Qué implica buscar a Jehová, y cómo nos ayuda este libro a hacerlo?
23, 24. a) Explique la finalidad del recuadro especial “Preguntas para meditar”. b) ¿Cómo nos ayuda la meditación a acercarnos cada vez más a Dios?
[Ilustración de la página 19]
La Biblia nos ayuda a acercarnos a Jehová
[Ilustraciones de la página 21]
Jehová se ha revelado mediante sus creaciones y su Palabra escrita

“¡Miren! Este es nuestro Dios”


¿SE IMAGINA conversando con Dios? Es una idea que impone respeto: ¡el Soberano universal hablando con uno! Al principio usted titubea, pero luego logra responder. Él le escucha, le contesta y hasta le da confianza para preguntar lo que desee. Pues bien: ¿sobre qué va a inquirir?
2 Hace mucho tiempo, un hombre llamado Moisés vivió tal experiencia y decidió plantear una pregunta que tal vez le sorprenda. No se refirió a sí mismo o a su futuro, ni a las desgracias que afligen a la humanidad; más bien, se centró en cuál era el nombre de Dios, algo que resulta un tanto desconcertante en vista de que él ya lo sabía. Es patente que su pregunta debió de tener un sentido más profundo. De hecho, era la cuestión más significativa que pudo haber planteado. La respuesta que obtuvo tiene que ver con todos nosotros y puede ayudarnos a dar un paso fundamental para acercarnos al Creador. ¿De qué modo? Repasemos aquella memorable conversación.
3 Moisés tenía 80 años. Llevaba cuatro décadas apartado de su pueblo, Israel, que vivía esclavizado en Egipto. Cierto día, mientras pastoreaba los rebaños de su suegro, contempló un fenómeno inaudito: una zarza en llamas que, en vez de consumirse, ardía de continuo, brillando como una luz en la montaña. Por consiguiente, se acercó a inspeccionarla. ¡Qué sobresalto tuvo que haber sentido al oír una voz que le dirigía la palabra desde el fuego! Mediante un ángel que sirvió de portavoz celestial, Dios y Moisés hablaron largo y tendido. Como sabemos, el vacilante Moisés recibió órdenes de dejar su vida tranquila y volver a Egipto para liberar a los israelitas (Éxodo 3:1-12).
4 Aunque Moisés pudo haber formulado cualquier pregunta en ese momento, observe la que planteó: “Supongamos que llego ahora a los hijos de Israel y de hecho les digo: ‘El Dios de sus antepasados me ha enviado a ustedes’, y ellos de hecho me dicen: ‘¿Cuál es su nombre?’. ¿Qué les diré?” (Éxodo 3:13).
5 Lo primero que nos enseña tal pregunta es que Dios tiene nombre. Esta es una verdad a la que no debemos restar importancia. Y, sin embargo, eso es lo que muchos hacen. De hecho, Su nombre propio se ha reemplazado en gran número de versiones bíblicas por títulos como “Señor” y “Dios”. Esta sustitución es una de las acciones más desafortunadas y reprobables que se han realizado por motivos religiosos. A fin de cuentas, ¿qué es lo primero que se pregunta al conocer a alguien? ¿Acaso no es el nombre? Ocurre algo parecido cuando se llega a conocer a Dios. No se trata de un ser innominado y distante que escape a nuestro conocimiento o entendimiento. Aunque es invisible, es una persona y tiene nombre: Jehová.
6 Además, al revelar Dios su nombre propio, abre perspectivas maravillosas que nos llenan de emoción. Nos invita a conocerlo y quiere que tomemos la mejor decisión de nuestra vida: acercarnos a él. Pero aparte de manifestarnos su nombre, Jehová nos da a conocer a la persona que lleva ese nombre.
El significado del nombre divino
7 El Todopoderoso eligió su nombre, un nombre con mucho significado. Al parecer, Jehová quiere decir “Él Hace que Llegue a Ser”. Es cierto que no hay nadie como Jehová en el universo, pues todo le debe la existencia a él y él hace realidad todo cuanto se propone, lo cual constituye una realidad que nos infunde reverencia. Pero ¿es eso lo único que nos enseña su nombre? Como es obvio, Moisés deseaba saber algo más. Para empezar, él ya sabía que Dios había creado todas las cosas y que se llamaba Jehová. No se trataba de un nombre nuevo, pues llevaba siglos en uso. En realidad, al preguntar por él, Moisés se refería a la persona que este representaba. Venía a decir: “¿Qué puedo contarle a tu pueblo Israel para fortalecer su fe en ti y convencerlo de que de verdad vas a liberarlo?”.
8 Jehová respondió revelando una característica maravillosa de su personalidad que está muy relacionada con el significado de su nombre. Dijo a Moisés: “Yo resultaré ser lo que resultaré ser” (Éxodo 3:14). Muchas versiones de la Biblia ponen en este pasaje “Yo soy el que soy”, pero un análisis más cuidadoso indica que el Altísimo no se limitó a afirmar su existencia. Más bien, enseñó a Moisés —y por extensión a todos nosotros— que Él ‘resultaría ser’, o elegiría llegar a ser, lo que fuera preciso para cumplir sus promesas. La versión en inglés de J. B. Rotherham traduce atinadamente el versículo: “Yo Llegaré a Ser lo que yo quiera”. Una autoridad en hebreo bíblico explica así esta frase: “Sea cual fuere la situación o la necesidad [...], Dios ‘llegará a ser’ la solución a dicha necesidad”.
9 ¿Qué significado tuvo esto para los israelitas? Sin importar los obstáculos y apuros que afrontasen, Jehová llegaría a ser lo que fuera preciso para liberarlos de la esclavitud e introducirlos en la Tierra Prometida. Sin duda alguna, aquel nombre infundía confianza en el Creador, y lo mismo puede hacer en nuestro caso (Salmo 9:10). ¿Por qué razón?
10 A modo de ilustración: los padres saben lo polifacéticos y adaptables que deben ser al cuidar a sus hijos. En un mismo día, tal vez desempeñen, entre muchas otras, las funciones de enfermeros, cocineros, maestros, agentes disciplinarios y jueces. A muchos los abruma la gran variedad de cometidos que han de cumplir. Señalan que sus pequeños tienen fe absoluta en ellos y que no dudan que papá y mamá son capaces de curarles más pronto las heridas, zanjar todas las disputas, arreglarles los juguetes rotos y responder a cuanta pregunta surja en su mente inquisitiva. Algunos progenitores se ven muy pequeños, y a veces frustrados, ante sus propias limitaciones. Se sienten ineptos para muchos de estos papeles.
11 Jehová es también un Padre amoroso. Dentro del marco de sus normas perfectas, no hay nada que no pueda llegar a ser a fin de brindar los mejores cuidados a sus hijos terrestres. Así pues, su nombre nos invita a verlo como el Padre ideal (Santiago 1:17). Moisés y los demás israelitas fieles no tardaron en constatar que el Altísimo hace honor a su nombre. Vieron maravillados cómo hacía que él mismo llegara a ser Comandante invencible, Señor de los elementos, Legislador sublime, Juez, Arquitecto, Dador de comida y agua, Preservador de ropa y calzado, y mucho más.
12 De este modo, Dios reveló su nombre propio, explicó cosas maravillosas de su personalidad e incluso demostró que le hace honor a su nombre. Es innegable que desea que lo conozcamos como persona. Ahora bien, ¿cuál es nuestra reacción? Moisés quiso conocerlo. Ese fue el anhelo que orientó toda su vida y lo llevó a estar muy cerca de su Padre celestial (Números 12:6-8; Hebreos 11:27). Por desgracia, la mayoría de sus contemporáneos no compartieron aquel deseo. Cuando él mencionó por nombre a Jehová ante el Faraón de Egipto, el altivo monarca replicó: “¿Quién es Jehová [...]?” (Éxodo 5:2). No quiso aprender más al respecto y, con aire despectivo, rechazó al Dios de Israel como si fuera alguien insignificante. Tal actitud, nada infrecuente en la actualidad, ciega a la gente, lo que les impide aprender una de las verdades más relevantes: Jehová es el Señor Soberano.
El Señor Soberano Jehová
13 Jehová es tan polifacético y adaptable, que merece la amplia gama de títulos que le asignan las Escrituras. Pero estos no compiten con su nombre propio, sino que nos revelan más sobre su significado. Por ejemplo, la Biblia lo llama “Señor Soberano Jehová” (2 Samuel 7:22). Este excelso título, que aparece cientos de veces en las Escrituras, destaca su posición como el único ser con derecho a gobernar el universo. Veamos por qué.
14 Jehová es el único Creador. Dice Revelación (Apocalipsis) 4:11: “Digno eres tú, Jehová, nuestro Dios mismo, de recibir la gloria y la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y a causa de tu voluntad existieron y fueron creadas”. Estas solemnes palabras no son aplicables a nadie más, puesto que todo lo que hay en el universo le debe su existencia a él. Sin duda, merece la honra, el poder y la gloria propios de su dignidad de Señor Soberano y Creador de todas las cosas.
15 Otro título exclusivo suyo es “Rey de la eternidad” (1 Timoteo 1:17; Revelación 15:3). ¿Qué implica? Aunque a nuestra mente limitada le cueste comprenderlo, Jehová es eterno, es decir, su existencia es infinita tanto en el pasado como en el futuro. De él dice Salmo 90:2: “Aun de tiempo indefinido a tiempo indefinido tú eres Dios”. Por lo tanto, nunca tuvo principio; vive desde siempre. Con razón se le llama “el Anciano de Días”, pues existió por tiempo incontable antes de crear cualquier ser o cosa (Daniel 7:9, 13, 22). ¿Quién tiene razones válidas para cuestionar su derecho a ser el Señor Soberano?
16 Con todo, algunos sí lo han cuestionado, como Faraón. Este problema se debe en parte a que el hombre imperfecto se apoya demasiado en lo que percibe mediante el sentido de la vista. Nos resulta imposible contemplar al Señor Soberano, ya que es un ser espiritual, invisible a nuestros ojos (Juan 4:24). Además, si una persona de carne y hueso compareciera ante la presencia inmediata de Jehová Dios, moriría. Así se lo indicó él a Moisés: “No puedes ver mi rostro, porque ningún hombre puede verme y sin embargo vivir” (Éxodo 33:20; Juan 1:18).
17 Este hecho no debería extrañarnos. Moisés solo contempló parte de la gloria de Jehová, por lo visto a través de un ángel que lo representaba. ¿Con qué efecto? Su rostro estuvo ‘emitiendo rayos’ durante un tiempo después de aquella experiencia, de modo que a los israelitas les daba miedo hasta mirarlo directamente (Éxodo 33:21-23; 34:5-7, 29, 30). Así pues, es patente que un simple ser humano no podría ver al Señor Soberano en la plenitud de su gloria. ¿Se desprende de lo anterior que es menos real que lo visible y palpable? De ningún modo; por ejemplo, aceptamos sin vacilación la existencia de muchas cosas que no podemos ver, como el viento, las ondas de radio y los pensamientos. Por otro lado, Jehová es permanente y no cambia con el paso del tiempo, ni siquiera de un sinnúmero de millones de años. En este sentido, es mucho más real que los objetos perceptibles a la vista o al tacto, puesto que el mundo físico sufre los efectos de la edad y el deterioro (Mateo 6:19). Ahora bien, ¿deberíamos conceptuar al Eterno como una fuerza abstracta carente de personalidad, tal vez una Primera Causa indefinida? Examinemos este asunto.
Un Dios con personalidad
18 Aunque no podamos ver al Altísimo, la Biblia contiene pasajes emocionantes que nos permiten hacernos una idea del cielo inmaterial. Por ejemplo, el capítulo primero del libro de Ezequiel refiere una visión del profeta en la que la organización celestial de Jehová aparece representada como un enorme carruaje. Impresiona en especial la descripción de los poderosos espíritus que rodean al Creador (Ezequiel 1:4-10). La apariencia de tales “criaturas vivientes”, que mantienen una estrecha relación con el Dios al que sirven, aporta datos importantes acerca de él. Cada una posee cuatro caras —de toro, león, águila y hombre—, que al parecer simbolizan las cuatro cualidades principales de la personalidad de Jehová (Revelación 4:6-8, 10).
19 En la Biblia, el toro suele representar el poder, algo muy lógico en vista de su gran fortaleza. El león simboliza la justicia, ya que la auténtica justicia requiere valentía, cualidad por la que es famoso este felino. El águila es célebre por la agudeza de su visión, con la que distingue objetos diminutos a kilómetros de distancia; de ahí que su cara sea un símbolo idóneo de la sabiduría perspicaz de Dios. ¿Y qué quiere decir el rostro de hombre? Pues bien, ya que este fue creado a la imagen del Altísimo, sobresale por su capacidad de reflejar la principal cualidad divina: el amor (Génesis 1:26). Estas facetas de la personalidad de Jehová —poder, justicia, sabiduría y amor— se destacan con tanta frecuencia en las Escrituras que pueden denominarse sus atributos cardinales.
20 ¿Debe preocuparnos la posibilidad de que Dios haya cambiado en los miles de años transcurridos desde que las Santas Escrituras describieron su personalidad? No, pues esta es inmutable. Él nos lo asegura: “Yo soy Jehová; no he cambiado” (Malaquías 3:6). En vez de variar arbitrariamente, demuestra que es un Padre ideal por la manera como reacciona ante cada situación: expresa los aspectos de su carácter que sean más adecuados. De sus cuatro atributos fundamentales, el que predomina es el amor, que orienta todas sus acciones. Ejerce con amor su poder, justicia y sabiduría. De hecho, la Biblia señala algo extraordinario acerca de él y de este atributo: “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Observamos que no dice que tiene amor ni que es amoroso, sino que es amor. Esta cualidad es su propia esencia y lo motiva en todo lo que hace.
“¡Miren! Este es nuestro Dios”
21 ¿Ha visto alguna vez a un niño señalar a su padre y, con toda inocencia, al tiempo que lleno de orgullo y alegría, decir a sus amigos: “Ese es mi papá”? Los adoradores de Jehová tienen innumerables razones para sentirse así respecto a él. La Biblia predice que llegará el día en que los fieles exclamarán: “¡Miren! Este es nuestro Dios” (Isaías 25:8, 9). Cuanto más conozcamos sus cualidades, más seguros estaremos de tener el mejor Padre de todo el universo.
22 No es un Padre frío, seco o distante, aunque así lo hayan pintado algunos filósofos y guías religiosos severos. No nos atraería acercarnos a semejante Dios; de hecho, no se presenta de este modo en la Biblia, donde, por el contrario, se le llama el “Dios feliz” (1 Timoteo 1:11). Es firme en sus sentimientos, pero también tierno. Se siente “herido en el corazón” cuando sus criaturas inteligentes quebrantan las pautas que ha estipulado para su propio bien (Génesis 6:6; Salmo 78:41). En cambio, cuando nos conducimos con sabiduría, de acuerdo con su Palabra, ‘regocijamos su corazón’ (Proverbios 27:11).
23 Nuestro Padre quiere que estemos cerca de él. Su Palabra nos insta a ‘buscarlo a tientas y verdaderamente hallarlo, aunque, de hecho, no está muy lejos de cada uno de nosotros’ (Hechos 17:27). Ahora bien, ¿cómo puede un simple ser humano acercarse al Señor Soberano del universo?
[Preguntas del estudio]
 1, 2. a) ¿Qué preguntas desearía plantear a Dios? b) ¿Qué le preguntó Moisés?
 3, 4. ¿Qué sucesos precedieron a la conversación de Moisés con Dios, y cómo fue, en líneas generales, aquel diálogo?
 5, 6. a) ¿Qué verdad esencial extraemos de la pregunta de Moisés? b) ¿Qué atentado se ha cometido contra el nombre propio de Dios? c) ¿Por qué es tan significativo que Dios haya revelado su nombre a la humanidad?
 7. a) Al parecer, ¿qué significa el nombre propio de Dios? b) En realidad, ¿qué quería saber Moisés cuando le preguntó a Dios su nombre?
 8, 9. a) ¿Qué respuesta dio Jehová a Moisés, y por qué es incorrecta la manera como suele traducirse? b) ¿Qué significa la afirmación “Yo resultaré ser lo que resultaré ser”?
10, 11. ¿De qué modo nos invita el nombre de Jehová a verlo como el Padre ideal y el más polifacético? Ilústrelo.
12. ¿Qué diferencia hay entre la actitud de Faraón para con Jehová y la de Moisés?
13, 14. a) ¿Por qué recibe Jehová tantos títulos en la Biblia? Mencione algunos (véase el recuadro de la página 14). b) ¿Por qué es Jehová el único digno de llamarse “Señor Soberano”?
15. ¿Por qué se llama a Jehová “Rey de la eternidad”?
16, 17. a) ¿Por qué nos resulta imposible ver a Jehová, y por qué no debería extrañarnos este hecho? b) ¿En qué sentido es Jehová más real que las cosas visibles o palpables?
18. ¿Qué visión recibió Ezequiel, y qué simbolizan las cuatro caras de las “criaturas vivientes” que están cerca de Jehová?
19. ¿Qué cualidad representa la cara a) de toro? b) de león? c) de águila? d) de hombre?
20. ¿Debe inquietarnos la posibilidad de que haya cambiado la personalidad de Jehová? Explique la razón de su respuesta.
21. ¿Qué seguridad tendremos al conocer mejor las cualidades de Jehová?
22, 23. ¿Qué imagen de nuestro Padre celestial ofrece la Biblia, y cómo sabemos que desea que nos acerquemos a él?
[Recuadro de la página 14]
Algunos títulos de Jehová
Todopoderoso. Su poder es infinito, irresistible (Revelación 15:3).
Padre. Él, que es fuente de toda la vida, incluida la eterna, ama paternalmente a sus siervos (Proverbios 27:11; Juan 5:21).
Magnífico Instructor. Es el Maestro sapientísimo, a quien debemos recurrir en busca de enseñanza y dirección (Isaías 30:20; 48:17).
La Roca. Es inmutable y un refugio seguro (Deuteronomio 32:4).
Pastor. Guía y ampara a sus “ovejas” —sus siervos— y se encarga de alimentarlas espiritualmente (Salmo 23:1).
[Ilustración a toda plana de la página 6]